ConocerSolar Magazine

Sexo y Gala

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Sexo y Gala

Gala Fernández Montero y su jarrón que eyacula flores

Solar ha conversado con Gala Fernández Montero. Nacida en España, ha vivido y ha dado clases por todo el mundo. Parece ser que sus alumnos nunca tienen suficiente. Es una de las principales referentes en el diseño contemporáneo de piezas de coleccionista, y su pasión por usar, sin miedo alguno, cualquier material o proceso le confiere libertad para aventurarse en nuevos retos. A Gala se la podría definir con estas tres palabras: curiosa, entusiasta y absolutamente rebelde, como a ella misma le gusta calificarse.

Maria Cristina Didero (MCD): Descríbeme cuál es tu visión del diseño y de todo lo creativo en general.

Gala Fernández Montero (GFM): En mi opinión, en lo que al arte y al diseño se refiere, no hay límites pero sí contextos. En un contexto dado, cuando hablamos de cualquier  tipo de creación, los productos resultantes −o cualquier cosa que tenga su origen en la acción deliberada de un ser humano− podrían ser considerados como diseño o arte. Después ya podemos hablar de calidad, excelencia, conveniencia, relevancia, ética, éxito… En cuanto a mi planteamiento creativo, es completamente caprichoso, arbitrario, rebelde y temperamental.

MCD: ¿Cuánto puede influir en nuestros sentidos una obra de arte?

GFM: Totalmente, ¡en el caso poco habitual de tener una epifanía! El arte puede crear, re-crear o evocar diferentes mundos. El arte estimula nuestros sentidos: uno, más de uno o todos al mismo tiempo. Es cuestión de intensidad, atención y, como decía antes, de calidad. El arte puede que sea la forma más elevada de comunicación humana.

MCD: Entonces, ¿cuándo y cómo una obra de arte causa un efecto, y qué clase de reacción debería provocar en aquellos que la contemplan?

GFM: Hay muchas respuestas para esa pregunta, pero, para mí, el arte es efectivo cuando produce un impacto voluntario –o involuntario– en el observador. La reacción puede tener lugar al abrirse una puerta de la percepción, y esa percepción puede ser intelectual. Todos los artistas deberían ser capaces de crear, re-crear, evocar o interpretar el mundo a partir de su propia mirada e intentar compartir esa experiencia a través de su trabajo.

MCD: ¿Cuán importante es el sexo y cuánta importancia tiene en tu vida?

GFM: El sexo es fundamental en este mundo, dado que es uno de los medios de expresión más importantes. Además, ya no se trata exclusivamente de un mecanismo reproductivo, sino que también es el motor de la energía creativa y tiene un poder ilimitado en las relaciones humanas. Es, o puede ser, muy complejo y enrevesado; creo que Les Liaisons dangereuses de Pierre Choderlos sigue siendo muy actual. Siempre ha sido una cuestión entre amor et psyche, Eros y Afrodita. ¡Eros es aún más poderoso que Zeus! Y, en lo que a mí concierne, no soy menos… Cuando era joven, solía cantar esa canción de Chet Baker: «Me enamoro con demasiada facilidad. Me enamoro demasiado rápido. Me enamoro perdidamente…». Como cantaba Bowie: «Todo lo que tengo es mi amor al amor. Y el amor no es amar…». Pero ya todos sabemos que el sexo no implica amor.

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MCD: Llevas muchos años casada. ¿Puedes describirme tu relación con Berta y cómo influye en tu actividad creativa?

GFM: ¿Sexualmente? ¡Ja, ja, ja! ¡Ni hablar!

MCD: Vale, ¡no sexualmente!

GFM: Estoy con Berta desde el 2008. Somos completamente distintas, pero complementarias. Ella es hermosa, y me enamoré a primera vista. ¡Por fin una mágica epifanía! Berta es el amor de mi vida. Tuve que esperar un poco hasta encontrarla, ya que yo tenía casi cuarenta. Digamos que yo soy más extrovertida; ella es más reservada, serena, profunda y sabia. Tiene una sensibilidad increíble y es mi crítica de arte perfecta. Yo soy demasiado salvaje, y ella filtra muchas cosas de mi obra solo por el hecho de estar cerca de mí mientras trabajo.

MCD: ¿Crees que las obras de arte pueden hablar sobre sexo y sensualidad incluso siendo explícitas en su forma y fondo?

GFM: Desde luego. Ciertas imágenes están inexplicablemente vinculadas de manera inconsciente a nuestra sensualidad y sexualidad, dependen de nuestros recuerdos y experiencias pasadas, o simplemente a nuestros arquetipos humanos. Una obra de arte puede evocar con mucha exactitud sentimientos y emociones. Recrear una cierta atmósfera, provocarnos un determinado estado de ánimo... Esto puede pasar con música, esculturas, objetos, pinturas, interiores, olores, perfumes…

MCD: ¿Puedes contarme la historia de este jarrón Verga Florida?, ¿cuándo lo concebiste y con qué propósito?

GFM: Este jarrón Verga Florida (en italiano, Pene Florido) tiene una larga historia. Como muchos de mis trabajos, se trata de un objet trouvé. Hice mi primer viaje a Venecia a finales de los ochenta, y me impresionaron mucho los hornos de vidrio de Murano. Yo era una inocente y cándida adolescente con una clara inclinación por las artes y muchísima curiosidad. Por la apariencia que tenían los sopladores de vidrio, nadie hubiese dicho que fueran tan delicados. Aquellos hombres tan fuertes eran capaces de crear hermosas piezas delante de tus propios ojos. ¡Era mágico! Mi hermano y yo nos colamos furtivamente en el almacén y, husmeando, descubrimos ocultas y cubiertas de polvo algunas obras con formas sexuales. Nos miramos el uno al otro con una amplia sonrisa. Más de treinta años después, desde el 2015, trabajo codo con codo con una gente fantástica del horno Murano, los maestros cristaleros Carlo y Emanuele Colizza, dueños de Antichi Angely. La primera vez que los visité no fueron tan abiertos conmigo como lo son ahora. Recuerdo que vi dos jarrones de vidrio descartados que tenían forma de pene e, inmediatamente, me acordé de mi primer viaje a Venecia. Los compré, le regalé uno (el más grande y realista) a mi hermano y me quedé con el otro, de color rosa. Le quité el tapón en forma de glande, lo llené de agua y puse un ramo de jazmines. Una pieza evocadora para hablar de cuando el sexo era hermoso, fragante e inocente.

Texto: MARÍA CRISTINA DIDERO