ConocerSolar Magazine

Los protocolos creativos de la naturaleza humana

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Los protocolos creativos de la naturaleza humana

Tras darse a conocer mezclando humor negro y cultura popular, Miguel Calderón nos revela su pasión más reciente: los libros de artista.

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Su último trabajo va de halcones y del antiguo arte de la cetrería. Miguel Calderón (Ciudad de México, 1971) ya ha dejado de ser el enfant terrible del arte mexicano, pero sus obras nos continúan asombrando. Caída libre, que presentó en la galería mexicana Kurimanzutto en el 2017, plasma la conexión del ser humano con el planeta a través de la historia de un entrenador de halcones conocido como Camaleón. Filmaciones, fotografías y objetos cotidianos de la cetrería exhibidos en un contexto ajeno a su naturaleza original permiten a Calderón explorar los lazos entre hombres y animales desde una perspectiva íntima y profunda. Es una nueva deriva de las investigaciones de un artista que, como fundador de La Panadería −uno de los primeros espacios artísticos independientes del DF−, fue una figura clave en el desarrollo del arte mexicano emergente. 

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A Calderón se le conoce por ofrecer una visión alternativa a la hegemónica sobre cualquier tema, combinando ironía y humor negro con toques macabros y hasta fantásticos, en obras que mezclan elementos de la cultura popular, desde vídeos musicales e historietas punk hasta telenovelas y prensa amarilla. Lo que algunos denominan mal gusto le atrae, y lo políticamente correcto le repele. Así como aborda una gran variedad de temas, desde la crítica social hasta la emotividad autobiográfica, también va tocando todas las teclas de la expresión creativa: pintura, escultura, vídeo, fotografía y, ahora, libros de artista, su pasión más reciente. «Un factor primordial de mi trabajo es no tener ni idea de cuáles serán los resultados finales. Vivo muy confundido, y mis libros demuestran cómo trato −sin éxito− de poner orden al caos que me rodea», indica Calderón, cuyas publicaciones son eminentemente visuales, si bien, progresivamente, ha ido incorporando más texto. «Está a punto de salir un libro titulado Catálogo (editorial RM), realizado en colaboración con el diseñador Ramón Pez, donde relato mis experiencias sexuales de adolescente en torno a unas fotografías de prostitutas que me mostró un tío mío y que me dejaron muy impactado. Contacté a mi tío, treinta y tres años después, y, para mi sorpresa, consiguió encontrar aquellas imágenes», explica. Se acercó al libro de artista a partir de un encargo; le pidieron un volumen retrospectivo sobre su trabajo, pero él optó por hacer una obra personal basada en imágenes. «Finalmente, el próximo año saldrá una publicación retrospectiva, cuyo título provisional es You deserve a seizure, pero hasta ahora me interesaba más explorar ideas nuevas que revisar mi obra», asegura.

Si bien en la mayoría de sus piezas el producto final se plasma en una impresión digital, detrás de la imagen hay un trabajo de formalización de las ideas similar a un montaje escénico. Es el caso de series tempranas como El empleado del mes (1998) o Chapultepec (2003), en las que los personajes actúan siguiendo sus indicaciones, aunque luego deja que la acción fluya y permite que las cosas sucedan solas.

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«No tengo un método específico, trato de tener los ojos muy abiertos y estar atento a lo que pasa a mi alrededor. Persigo el ocio porque lleva a la creatividad. Cuando alguna idea revolotea en mi cabeza, me la tengo que sacar con el medio más apto para su ejecución», explica. Ahora está trabajando en un documental experimental sobre su mejor amigo. También tiene ganas de volver a explorar las potencialidades de los objetos, como las esculturas de reminiscencias pop, los letreros intervenidos o las grandes instalaciones, como el acuario temporal con peces del lago de Chapultepec que colocó en la Torre Latinoamericana de Ciudad de México.

Por el momento, entre las muchas teclas que toca no se encuentran las nuevas tecnologías, quizás porque de niño no se despegaba de los videojuegos o porque creció en una casa donde la televisión estaba encendida todo el día, aunque no descarta explorar sus posibilidades cuando se presente la ocasión. 

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Mientras tanto, lo que le interesa es promover un estilo de vida que cuestione los protocolos de la naturaleza humana a través de acciones diarias, tanto privadas como públicas. «Me interesa estudiar a fondo mi propia naturaleza y la de los que me rodean. Detesto ser literal y que todo tenga una explicación lógica y congruente. Hay un motor que me instiga a producir obra como impulso social que me liga a mi entorno, aunque cada día me doy cuenta de lo poco que entiendo acerca de las relaciones humanas. Cómo nos concebimos como especie, los protocolos de las relaciones humanas, el desparpajo frente al orden, el derecho a ser superficial, la exploración autobiográfica y, uno de los más importantes, el sentido del humor que a veces pierdo pero siempre recupero», afirma, enumerando los elementos que caracterizan su obra; una obra que le ha permitido entrar en la primera división del arte contemporáneo internacional, aunque asegure que no tiene ni idea de cómo ha podido pasar. «Sigo siendo un artista completamente experimental y continúo pidiendo becas para poder hacer mis películas, libros, vídeos y fotos con libertad absoluta», concluye.

Texto: ROBERTA BOSCO
Retrato: RODRIGO ÁLVAREZ
Obras de arte cortesía de kurimanzutto.