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El antierotismo de Jim Amaral

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El antierotismo de Jim Amaral

Dejar fluir el deseo sin juicios morales o restricciones

Jim Amaral nos ha obligado, como pocos artistas contemporáneos, a ver el sexo con nuevos ojos. Nacido en Pleasanton (California) en 1933, su condición de exiliado y su estilo de vida itinerante se manifiestan en su obra, la cual busca emanciparse de imposiciones culturales. Una constante en sus dibujos es la temática sexual atrevida expresada con destreza y delicadeza. Más que excitar, incitar o complacer al espectador, buscan liberar al sexo de las infinitas restricciones que se le han impuesto. 

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En los años sesenta, Amaral produjo un conjunto de dibujos psicoanalíticos estilo cómic para acercarse al espectador a través del humor y así poder sacudir sus prejuicios. En 1957, el artista emigró a Colombia y se estableció en Bogotá. Habiendo llegado de California, lugar donde la generación beat y la revolución sexual llevaban años incubándose, allí se encontró con una sociedad conservadora y provinciana en la que el sexo se encontraba sometido a la bruma de la religión y al legado oscurantista de la conquista.

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Usando el psicoanálisis como herramienta, buscó redimir y explorar el sexo como un componente esencial de la psique humana. Con el trazo de una línea delgada y fina, Amaral da vida a juegos de palabras, cuerpos fragmentados, metamorfosis físicas, híbridos de humanos y objetos, fetiches e interacciones de todo tipo. Los personajes intercambian miradas graciosas o melancólicas y también se regalan caricias inusuales. Incluso la moda desempeña un papel importante en el juego del cortejo libre que vemos en los mundos que nos ofrece. 

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Estos dibujos presentan una visión sorprendentemente contemporánea que prescinde de las categorías limitantes, como homosexual o heterosexual, para que las fantasías profundas puedan surgir. En estos mundos de ensueño, libres de juicios morales y restricciones, el deseo fluye y se manifiesta en muchas formas. Sus composiciones nos desestabilizan, al no comprometerse con ninguna orientación, ni física ni sexual. Los dibujos se pueden leer como un mapa, y las escenas sugieren una continuidad más allá de las fronteras del papel. 

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Durante los años setenta, Amaral pasó varias temporadas en París, donde se encontró con las diversas corrientes del pensamiento surrealista y disfrutó de una recepción fecunda. En este entorno, su interés por el sexo encuentra otras formas de expresión. Esa sensación de llegar a un nuevo mundo dejando todo un tejido social atrás es evidente en su dibujo Astronauta estadounidense. En la serie Cartas de amor, de su época parisina, el artista estudia las relaciones entre las extremidades sensibles del cuerpo usando la plantilla de una carta para dar forma a sus composiciones. Su hiperrealismo nos muestra el sexo sin adornos, emociones o tabúes. Al aludir al preciado concepto sentimental de la carta de amor, encuentra una forma más íntima de  acercarse al espectador y de acceder a su paisaje mental, quizás permitiéndole observar su naturaleza sexual más detenidamente, sin erotismo ni culpabilidad. 

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Su obra de los setenta también revela una curiosidad casi científica por la anatomía humana. La serie Flores invisibles recuerda a los estudios botánicos que realizaron los dibujantes que intentaban organizar la naturaleza del Nuevo Continente para poder conquistar no solo el territorio, sino también su propio miedo ante un mundo desconocido. Una mirada más atenta a los dibujos de esta serie muestra que los órganos reproductivos de las plantas han sido reemplazados por órganos genitales, ojos, labios u orejas. Estamos acostumbrados a observar y estudiar los órganos reproductivos de las plantas, pero no los de nuestra propia especie. 

El panorama alucinante de anhelos sexuales y vulnerabilidades psicológicas que nos ofrece Amaral es liviano y espontáneo, las huellas de una vida dedicada al refinamiento técnico y a la exploración del ser.

Texto: VALENTINA AMARAL