De pie nunca hay que estar desnuda sin tacones

De pie nunca hay que estar desnuda sin tacones

Susana Estrada: embajadora emérita del orgasmo español

El nombre de Susana Estrada está eternamente ligado a términos como pionera, icono y transgresión. La mujer que más y mejor se desnudó en nuestra transición democrática sigue teniendo las ideas muy claras. No es una maestra del sexo, es una maestra de la vida. 

¿Han cambiado algo los prejuicios de los años setenta y ochenta en la actualidad o seguimos igual?

En algunas cosas sí, pero la doble moral sigue existiendo. Hoy en día ya no está mal visto emparejarse sin casarse, una madre soltera o una mujer divorciada, pero, aun así, el trato a la mujer sigue siendo una asignatura pendiente. Ahí están los casos de maltrato o la discriminación laboral. Y todo eso de los acosos en Hollywood, que parece ser el tema de moda, aquí ha existido de siempre. 

Susana-6_web.jpg

En tu caso, siempre has destacado por ser una mujer muy independiente.

Sí, incluso como empresaria, yo montaba mis propios espectáculos y tenía a todo un equipo contratado. Aparte de eso, los hombres me tenían miedo, porque siempre he hablado muy alto y muy claro. Hablaba de sexo muy abiertamente, y a eso los tíos no estaban acostumbrados. Eso sí, ahora soy yo la que paso de ellos.

Incluso llegaste a tener un consultorio sexual en varias revistas.

Ahí me escribían todo tipo de personas, incluso matrimonios que narraban practicar el sexo con la luz apagada y no se habían visto desnudos en cuarenta años. Llegué a recibir hasta seis mil cartas al mes. Este país tenía una desinformación absoluta, y había mujeres que me contaban que le tenían asco al sexo, porque lo asociaban a dolor u obligación, y desconocían lo que era un orgasmo. Por este consultorio fui procesada por catorce delitos de escándalo público; me retiraron el pasaporte y el derecho al voto hasta 1987, ya bien entrada la democracia. 

¿Qué referentes tenías a la hora de abordar el erotismo en tus respuestas o espectáculos?

El de cualquier persona instruida que hubiese viajado, empezando porque hay que saber que el sexo da placer. Aquí había una gran cantidad de libros prohibidos y a veces era cuestión de pasarlos como si se tratase de contrabando en la frontera. Aunque muchos no lo sepan, yo soy bibliotecaria y, cuando trabajé en ello, tuve acceso a muchos de esos libros que no llegaban a las tiendas pero que sí estaban en la biblioteca. Siempre tuve claro que lo más básico para ser libre radica en tener tanto libertad sexual como económica. 

Susana-9_web.jpg

 

¿Qué consecuencias tenía que una mujer hablase de sexo sin tabúes?

Muchas y muy malas. ¡Si incluso hubo padres que se quejaban de que en las escuelas se enseñase educación sexual! Una mujer decente no hablaba de sexo, se callaba frente al marido, no contestaba ni se imaginaba un divorcio. Si te separabas, ya te veían como lo peor; y, a los dieciocho años, yo tuve muy claro que no tenía por qué aguantar al padre de mis hijos. Recuerdo la primera vez que fui a una farmacia a comprar anticonceptivos y me miraron como si fuese el diablo, con un trato fatal. Hoy en día hay libertades, pero ¿las sabemos usar? Los padres no quieren hablar de sexo con los hijos, y ahí, quizás, ya comienza el problema. 

Se te considera, muy acertadamente, una pionera de la libertad sexual, pero ¿es España un país ingrato a la hora de valorar sus iconos?

Sin duda yo allané el camino, y muchas veces no se tiene en cuenta. El programa de sexo de la Ochoa no tuvo tanto mérito, eran los noventa... Lo fuerte era hacerlo en los setenta. Prefiero que me reconozcan en vida lo que he hecho, porque es en vida cuando he sufrido ataques, insultos y persecuciones simplemente por el valor que tuve. Eso no le ocurría en su país a Brigitte Bardot, y me puedo comparar. Ambas somos mitos eróticos, salvo que ella defendió a los animales, y yo, a las animalas, vamos, a las mujeres, frente a la hipocresía del momento. Pero mis desnudos eclipsaron todo; solo se quedaron con el coño, y eso ensombreció mi valor.

_MG_5356-BN.jpg

Es que tu desnudo siempre fue más allá de natural, sin ni tan siquiera pretextos. Y estamos hablando del primer desnudo integral que hubo sobre un escenario tras la muerte de Franco.

Las demás lo hacían como con una disculpa y por aquello de «las exigencias del guion», y yo, porque me apetecía, sin poner excusas ni más argumentos. Y sí, hice el primer desnudo total en una parodia de la película Gilda, que también estuvo prohibida en su momento. Ella se quitaba el guante y yo me despojaba de todo menos del guante. Bueno, ni de los tacones, porque en posición vertical nunca hay que estar desnuda sin tacones. 

¿Crees que en el sexo, al igual que en la vida, hay que tratar de arrepentirse lo menos posible?

Totalmente. Nunca hay que disculparse, aunque sean decisiones no acertadas. Solo sabes si has acertado o no habiéndote arriesgado. Si no haces o das ese paso, nunca sabrás si es un acierto o un error.

Texto: VALERIA VEGAS
Fotografía: ADRIÁN MUSER