Cuando lo extraodinario de la realidad nos alcanza

<<¿Pero qué es la historia de América toda sino una crónica de lo real maravilloso?>>
Alejandro Carpentier, 1949

  BEATRIZ GONZÁLEZ  (1938),  Zulia, Zulia, Zulia,  2015, óleo sobre tela, 205 x 50 x 0,3, cortesía de Casas Riegner. Fotografía de Óscar Monsalve.

BEATRIZ GONZÁLEZ (1938), Zulia, Zulia, Zulia, 2015, óleo sobre tela, 205 x 50 x 0,3, cortesía de Casas Riegner. Fotografía de Óscar Monsalve.

Para muchos, el realismo mágico es una nomenclatura que pertenece, al menos, al siglo anterior. Isabel Allende, María Luisa Bombal, Alejo Carpentier, Gabriel García Márquez o Juan Rulfo son algunos de los escritores que con sus anécdotas y relatos lograron transmitir el imaginario de su gente. Por su parte, pintores como Antonio Berni, Pedro Figari, Frida Kahlo y Wifredo Lam consiguieron capturar en imágenes la realidad mágica de lo cotidiano. Sin embargo, lo real maravilloso, como lo llamó Carpentier, es algo que aún sorprende a los viajeros que recorren América Latina. La magia de los pueblos y las creencias de sus habitantes han logrado permanecer hasta nuestros tiempos, aunque con gran dificultad, pues no debe de ser una tarea sencilla combatir la modernidad, con su política individualista, excluyente e incrédula de la divinidad y el misticismo.

  TOMÁS SARACENO  (1973)  The Endless Series,  2006, fotografía digital tomada en Salar de Uyuni, Bolivia, con el apoyo de Barbican Art Gallery, cortesía del artista y de Tanya Bonakdar Gallery, Nueva York; Andersen's Contemporary, Copenhague; Pinksummer Contemporary Art, Génova; Esther Schipper, Berlín.

TOMÁS SARACENO (1973) The Endless Series, 2006, fotografía digital tomada en Salar de Uyuni, Bolivia, con el apoyo de Barbican Art Gallery, cortesía del artista y de Tanya Bonakdar Gallery, Nueva York; Andersen's Contemporary, Copenhague; Pinksummer Contemporary Art, Génova; Esther Schipper, Berlín.

Los postulados del arte y la literatura, como es su costumbre, suelen contradecirse con el paso del tiempo. Si, en 1925, Franz Roh definía el realismo mágico como una corriente posexpresionista que dejaba de lado la abstracción para enfocarse en una nueva representación objetiva de la realidad,en 1949, Alego Carpentier se mofaba de aquellos partidarios que avistaban un <<regreso a lo real >> que, en su opinión, distaba de ser maravilloso. Por supuesto que la definición de Roh se centraba exclusivamente en la pintura de su época - Otto Dix, George Grosz, Giorgio de Chirico- que, a la par que exaltaba lo mundano de sus sociedades, también representaba los horrores de su tiempo. Por su parte, el espectro de Carpentier incluía además la literatura y hacía mención a pintores diversos, desde Vincent van Gogh hasta Wilfredo Lam, cuya característica en común era la existencia de una creencia arraigada en la fe. Si para Roph la corriente del realismo mágico dejaba atrás los temas religiosos y trascendentales del expresionismo, para Carpentier lo real maravilloso exaltaba estos temas, pues formaban parte fundamental del imaginario colectivo.

  WIFREDO LAM  (1902),  La mañana verde,  1943, óleo sobre papel, 186,5 x 124, colección MALBA (Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires)

WIFREDO LAM (1902), La mañana verde, 1943, óleo sobre papel, 186,5 x 124, colección MALBA (Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires)

  FRANCIS ALYS en colaboración con JULIEN DEVAUX y AJMAL MAIWANDI,   Reel/Unreel,  2011, vídeo, 16:9, cortesía del artista y de Galerie Peter Kilchmann, Zúrich.

FRANCIS ALYS en colaboración con JULIEN DEVAUX y AJMAL MAIWANDI, Reel/Unreel, 2011, vídeo, 16:9, cortesía del artista y de Galerie Peter Kilchmann, Zúrich.

Y aunque en principio contrapuestos, ambos coincidían en que aquello a lo que llamaban realismo mágico o real maravilloso acercaba a la gente al arte, pues su contenido, al formar parte de lo cotidiano, era fácil de reconocer. Roh pensaba que el contenido mundano del realismo mágico, representado objetivamente, hacía del arte una expresión inteligible para sus intérpretes. De manera semejante, para Carpentier no había duda de que lo real maravilloso era el reflejo de las cosmogonías de los pueblos americanos, que, si bien cargadas del misticismo, formaban parte también de su forma cotidiana de relacionarse con el mundo.

  ANTONIO BERNI  (1905)  La Difunta Correa,  1971-1976, técnica mixta, instalación, 250 x 420, Colección de Arte Amalia Lacroze de Fortabat, Buenos Aires.

ANTONIO BERNI (1905) La Difunta Correa, 1971-1976, técnica mixta, instalación, 250 x 420, Colección de Arte Amalia Lacroze de Fortabat, Buenos Aires.

  FRIDA KAHLO,  (1907)  Mi nana y yo,  1937, óleo sobre lámina, 30,5 x 35, colección Museo Dolores Olmedo, Xochimilco, México.

FRIDA KAHLO, (1907) Mi nana y yo, 1937, óleo sobre lámina, 30,5 x 35, colección Museo Dolores Olmedo, Xochimilco, México.

En el presente es fácil encontrarse con artistas contemporáneos preocupados por representar lo cotidiano, a veces desde una retórica mágica y ritualista, y otras tantas, desde un discurso crítico, encargado de exhibir los malestares del mundo actual. Artistas como Francis Alys y Peter Doig, cuyas residencias han trasladado a América Latina, han encontrado en estas sociedades realidades fantásticas; otros, como Beatriz Gonzáelz y Tomás Saraceno, que crecieron en ellas, moldean el inconsciente colectivo y lo decantan al espectador sensible.

Desde luego que la existencia de un realismo mágico en los intersticios del arte contemporáneo es debatible. Sin embargo, habría que cuestionarse si algunas de las realidades que nos rodean en el presente, por más verdaderas que sean - la desigualdad entre iguales, lo absurdo de la guerra, la actualidad de la fea -, aún no son difíciles de asimilar. En este claroscuro que transitamos como humanidad, el arte sigue revelándonos historias, lugares y personas, por mucho, extraodinarias.

Texto: ABASEH MIRVALI