Is this your bad hombre?

Pedro Pascal y la buena televisión en épocas de pésima política

Pedro Pascal pertenece a una nueva estirpe de estrellas de Hollywood. Una que ha remplazado la actitud de diva insufrible por la buena educación; así de simple y de tajante. En una época en la que la vida no nos alcanza para tonterías, él parece haberlo entendido muy bien. Puede ser porque no ha tenido tiempo para andarse con chorradas −cuando tenía nueve meses, sus padres huyeron de la dictadura de Pinochet hacia California, vía Dinamarca y Texas−, o bien porque ha tenido demasiado tiempo para hacerlo, hasta hartarse de ello− el éxito le llegó relativamente tarde, a los 38 años, con su breakthrough role del polisexual Oberyn Martell en la cuarta temporada de Juego de Tronos−. 
Me queda claro que Pedro está en su mejor momento. Hasta ahora. En los seis meses que esta revista permanecerá en circulación tiene tres estrenos: The Great Wall, dirigida por Zhang Yimou y en la que comparte créditos con Matt Damon y Willem Dafoe; la secuela de Kingsman, coprotagonizada con Julianne Moore, Channing Tatum, Halle Berry, Jeff Bridges y Colin Firth; y, por último, la muy anticipada tercera temporada de Narcos, la serie en la que interpreta al agente Javier Peña y que le ha supuesto el mismo nú- mero de fans, por lo menos, que el personaje de Martell. 

Entre sus rodajes ultramarinos, sesiones de fotos y visitas a su familia en Chile, un amigo en común nos puso en contacto. Uno de los incontables mensajes de voz que intercambiamos para coordinar entrevista, desayuno, sesión fotográfica, conatos de cenas y copas entre Colombia, Londres y Manhattan decía: «Bienvenido a... [pausa dramática] Colombia». Llegué al plató de Narcos, en el centro de Bogotá, el Día de Acción de Gracias. Sus dos colegas estadounidenses (Eric Lange y Brett Cullen) estaban desesperados con la elasticidad de los minutos sudamericanos en una jornada que parecía no tener fin, mientras que un agente de la DEA −uno de verdad− los esperaba en casa con mucho pavo, whisky, fútbol americano y una buena ración de testosterona. Mientras tanto, Lucas —el hermano menor de Pedro, que tendrá un pequeño papel en la próxima entrega de la serie— y yo nos entreteníamos rompiendo las míticas sillas plegables con los nombres de los protagonistas de la serie. (Fue sin querer, pero quedaron hechas pedazos). 
Entrevistar y fotografiar a Pedro ha sido un lujo que pocas veces se da en el periodismo. Un proceso de meses, pero continuo, en distintos contextos y por etapas que me ha permitido conocerlo bastante más de lo que normalmente puedo conocer a quienes plantamos en nuestras portadas. Por caprichos del destino, además de a Lucas, también conocí a su hermana, en Miami, y resulta que Francisco Celhay, el otro actor chileno que incluimos en este número, es su primo hermano. De lo que se escapa de la charla que transcribimos a continuación puedo añadir que Pedro no tiene ninguna alergia alimentaria, pero que, desde que tenía 20 años, sabe que es alérgico a la cocaína; que su spirit animal es Tigger, el compañero de Winnie the Pooh; que asegura no saberse guapo −alguien le dijo que se parecía a Orlando Bloom después de que le dieran un palazo en la cara− y que, de vez en cuando, se acuerda de un perro, con una oreja mordisqueada, que suele visitar el plató en Cali y plantarse fuera de su caravana. Pedro: te rogamos que lo adoptes. 

Chaqueta de BALENCIAGA. 

Chaqueta de BALENCIAGA. 

Narcos le echa sal a unas heridas que todavía están muy abiertas en Colombia. La historia de Escobar y los carteles de Medellín y Cali es muy reciente. ¿Cómo digieres esto y qué ha supuesto para tu papel? 
Es bastante complejo. Por un lado, se entiende que los colombianos estén cansados del tema. Yo ya había estado en Colombia antes de venir a rodar Narcos. Conozco el país, su gente, su tierra, su política y cultura mucho más allá de ese tema y me parece desafortunado que el resto del mundo asocie la narcocultura necesariamente con este país. Filmamos casi siempre en localizaciones, y cada vez que alguien se acerca a preguntar qué estamos haciendo, la reacción al saber que se trata de Narcos es siempre la misma: desencanto. Sin embargo, creo que es interesante que una
serie como esta, con una audiencia mundial, muestre su poder plástico. Colombia tiene una textura muy compleja, linda, cinematográfica. La gente y la cultura se reflejan en su tierra y hemos logrado capturar eso visualmente; de hecho, creo que este es uno de los elementos centrales de la trama; en algunos momentos, incluso, más importante que los acontecimientos dramáticos y violentos. Las localizaciones donde filmamos añaden una dimensión a la historia y hacen que todo parezca mucho más real. El hecho de que estemos aquí da mucha autenticidad; no importa que haya mexicanos, españoles y brasileños interpretando a colombianos, hay una autenticidad que permite que la historia narre mucho más de lo que la audiencia podría espe- rar. Por eso hemos tenido tanto éxito, no solamente por el sensacionalismo, la violencia, la oscuridad y la sexualidad de la historia del narcotráfico colombiano. 
¿Te imaginabas que llegarías hasta la temporada tres?
Sinceramente, no. Sabía que iba a participar en dos temporadas, independientemente del éxito de la primera. Tenían un guion para Escobar que duraba dos temporadas y mi papel, el agente Peña, formaba parte de ambas. Después del éxito de la primera, supe que la serie iba a continuar. A fin de cuentas, en ningún momento se pretendió que la trama se centrara exclusivamente en Escobar, sino en la historia, la política y la realidad del narcotráfico. Pero lo que no sabía, y realmente no me esperaba, era que yo fuera a salir en la tercera temporada. De los personajes en torno a Escobar, pensaba que sería el último a quien invitarían a regresar. 

Chaqueta marrón de RICK OWENS, camiseta blanca de HUGO BOSS, chaqueta azul de BALENCIAGA y chaqueta gris de PRADA. 

Chaqueta marrón de RICK OWENS, camiseta blanca de HUGO BOSS, chaqueta azul de BALENCIAGA y chaqueta gris de PRADA. 

Netflix ha cambiado la manera en que se producen, distribuyen y consumen las series de televisión. ¿Qué piensas al respecto? 
Es increíble, toda la industria cambió en cinco años. Bueno, en realidad, en uno. Empezaron con el éxito de House of Cards, que ni siquiera fue la primera serie −fue otra que nadie conoce llamada Lilyhammer−. El año que empezamos Narcos iban a hacer creo que doce producciones originales. Ahora ya he perdido la cuenta... Y confieso que soy víctima de lo que hacen, porque lo veo todo. Sé que suena absurdo pero, comparado con lo que está sucediendo en la política del mundo occidental ahora mismo, donde todo es tan de- solador, decepcionante y alarmantemente retrógrado, la televisión está progresando en cuanto a los temas, la cultura, la representación de la diversidad y los riesgos que se asumen con las historias que se narran.
¿Prefieres trabajar en cine, televisión o teatro?
Para mí, lo ideal es trabajar en los tres medios, como hacen todos mis colegas. Me mudé a Nueva York cuando tenía 18 años para estudiar y te juro que casi me dejo la vida intentando obtener papeles en producciones off-Broadway. Mis amigos eran actores que hacían principalmente teatro, pero también televisión y cine, algunos con más éxito que otros, obviamente, pero en nuestra comunidad entendíamos que tocaba hacer de todo. Creo que la televisión es el medio más arduo por los horarios. Un colega que trabajó con Holly Hunter en su primera serie de televisión, después de una carrera muy exitosa en cine y teatro, me contó que ella le había dicho: «Television isn’t for pussies». Es curioso que ella haya afirmado eso, después de haberse partido el lomo toda la vida trabajando como actriz, pero es verdad. Los horarios son muy intensos, las jornadas, interminables... En ese sentido, Narcos es un reto peculiar, porque, en cierta forma, se inventa según vamos avanzando. Depende mucho de las localizaciones −y estas son impredecibles−, pero, al mismo tiempo, tenemos un guion que hay que respetar. Por resumir te diría que no prefiero un medio en concreto. La televisión es el más pesado; el teatro me resulta la experiencia más familiar, y el cine supone, en cierta forma, el desmantelamiento de una fantasía infantil, porque es, verdaderamente, la experiencia menos glamurosa que puedas tener. Por lo menos en lo que me ha tocado vivir a mí. Estás en una producción de 150 millones de dólares, pero sentado en el fango, en una peste absoluta y rodeado de moscas. 
¿Te apropias de características de tus personajes?
Llevo veinte años actuando y aún no lo tengo claro. Tardo en darme cuenta de cómo me ha podido afectar un proyecto o un papel. Es verdad que, a veces, he soñado cosas que me confirmaban que el papel se me había metido demasiado dentro. Otras veces no logro dormir o estoy de pésimo humor, pero se me olvida que he estado investigando historias muy violentas e interpretando escenas oscuras. Y es ridículo pero, en vez de asociar eso con no poder dormir, tener la mandíbula tensa y sentirme incómodo, lo que pienso es que quizás sea intolerante a la lactosa o que tengo alguna alergia y que no me debería haber comido esa pizza... Estoy ya demasiado acostumbrado a esto y simplemente lo siento como un trabajo. Para serte sincero, me cuesta mucho entender a los actores que llenan sus paredes de fotos y recortes y no dejan de hablar de la investigación que han hecho para crear a su personaje. Yo, en cambio, instintivamente, no quiero hablar mucho sobre el tema. Nunca me he sentido cómodo hablando de mi personaje y de su historia. Obviamente, pienso en ello, pero no hablo mucho, no sé si por preservar un método que me funciona o sim- plemente porque soy fucking lazy
Trabajas mucho en localizaciones: China, Colombia, Croacia... Y por temporadas muy largas. ¿Qué pasa con tu vida privada? 
¿Que qué pasa con mi vida privada? Respuesta sencilla: no tengo. Mi vida es trabajo y turismo. Resulta ex- traño tener este tipo de aventuras siendo ya un adulto. Desde niño fantaseaba con trabajar en el cine y, después de sobrevivir los inevitables corazones rotos que vienen con la madurez, con estar vivo y, sobre todo, con querer ser actor, no deja de ser irónico y gracioso conseguir tu sueño de la infancia con 40 años. Echas de menos tu casa, tu cama, tus amigos, tus comodidades y la rutina, pero es interesante que todo eso se interrumpa, y más a esta edad, porque creo que puedo absorber la experiencia con mucha más perspectiva y madurez. 

Total look de TOM FORD. 

Total look de TOM FORD. 

¿Cómo fue tu experiencia en China, rodando The Great Wall?
La amé. Nunca había puesto un pie en China hasta que me planté allí durante cinco meses para trabajar con uno de mis directores favoritos [Zhang Yimou], con el que ni siquiera imaginé cruzar caminos. ¡Y al lado de fucking Matt Damon y Willem Dafoe! Matt, francamente, es una de las mejores personas que he conocido; no de las mejores personas famosas que he conocido, sino de las mejores personas y basta. Estaba ahí con su fami- lia, con su mujer −que es incluso mejor qué el− y sus hijos. Por otra parte, he visto desde que era niño todas las películas de Dafoe, así que fue un privilegio que me sirvieron en bandeja de plata, aunque, al mismo tiempo, un trabajo muy arduo, porque es una película complicada, también rodada en localizaciones. 
¿Y en Londres, para la secuela de Kingsman?
Ya había estado muchas veces en Londres, pero siempre en viajes cortos, y de pronto, me tocó estar cuatro meses. Siempre había fantaseado con la idea de vivir allí, y rebasó todas mis expectativas. Estuve cuando se votó el referéndum del brexit y la atmósfera de la ciudad cambió de un día para otro. Fue aterrador, triste; me rompió el corazón ver a tanta gente en shock, sin entender un resultado que nadie hubiera podido predecir. Aun con esto, pude sumergirme, como un outsider, en la cultura de una ciudad que para mí es extremadamente progresista y multicultural, inclusiva y salvaje; un poco oscura, pero amigable.
El concepto del número anterior de Solar era «¡Respeta a tus ídolos!», una especie de voto a favor de no perder la emoción al conocerlos y recordar lo que han significado para ti; no dejar que muera el fan dentro de ti, independientemente de lo cercanos que puedan llegar a ser los ídolos de tu infancia conforme te adentras en la industria. ¿Cómo ha sido esto para ti? 
Es gracioso que lo preguntes, porque yo sigo siendo muy fan. Creo que esto me caracteriza tanto como mi trabajo. Además de ser actor, soy espectador. Lo relaciono con ser un inmigrante chileno en Estados Unidos, con lo jóvenes que eran mis padres y lo inestable que era su vida cuando nací y con cómo la cultura popular, el cine y la televisión por cable nos socializaron y, en cierta forma, nos educaron a mi hermana y a mí. Después resultó que una fantasía se convirtió en un pasatiempo que, a su vez, se convirtió en mi profesión. Vamos, que no escondo ser un fan. Kingsman fue una experiencia particularmente interesante, porque era un jodido circo con estrellas de cine fabulosas: Halle Berry, Jeff Bridges, Julianne Moore, Colin Firth, Channing Tatum y Taron Egerton, quien, a pesar de ser nuevo en la industria, es un puto amo. Todo era un poco abrumador y aterrador, pero creo que el pe- queño fan que llevo dentro es tan dominante que logró que pudiera vencer el miedo a trabajar rodeado de esas personas. He de decir que logré contenerme, pero solo hasta que acabamos el rodaje. Apenas liberaron a Halle Berry, con lágrimas le dije que había visto Jungle Fever, que me fascina, que me mató su personaje en Monster’s Ball y que lloré cuando ganó el Óscar. Lo mismo hice con Julianne Moore y con todos los demás, hasta que se hartaron. 
 

Chaqueta de RAF SIMONS. 

Chaqueta de RAF SIMONS. 

Total look de HUGO BOSS. 

Total look de HUGO BOSS. 

Sé que eres un buen chico. Lo siento, lo veo en ti, en tu familia y en cómo te relacionas con la gente que te rodea. ¿Has sido siempre así?
No puedo ni imaginarme por todo lo que tuvieron que pasar mis padres cuando escaparon de Chile y eso me ha dejado una herencia de culpa que, quizás, haya determinado la manera en la que mis hermanos y yo navegamos por el mundo. También hemos tenido pérdidas muy trágicas en mi familia, y eso te ayuda a concentrarte en lo que es realmente importante y en cómo debes tratar a la gente. No sé en lo que creo. Soy completamente agnóstico y la idea de un dios me parece bastante tonta. No quiero decir que la espiritualidad me sea ajena, pero no he desarrollado ningún vínculo con ese concepto. Pero sí sé que lo más valioso es ser una buena persona. En el fondo, creo que eso es mucho más importante que ser famoso, poderoso o cualquiera de esas cosas. Toda esa mierda no me la puedo llevar a la tumba. Pero no he sido siempre así. Cuando tenía 12 años disfrutábamos ya de una situación muy privilegiada y, en comparación con otros, era un chico bastante mimado. Después todo eso se acabó, y me tocó aprender por las malas en Nueva York. Quizás, si las cosas hubieran seguido siendo tan fáciles como cuando estaba en el liceo, ahora sería un hijo de puta. Puede ser una combinación de genes, de la educación que nos dieron mis padres y del hecho de que me partí el culo durante más de quince años en Nueva York. Eso te forma y, además, te enseña cómo debes comportarte. 

Suéter y zapatos de JEFFREY RUDES, pantalón de SALVATORE FERRAGAMO. Silla equipal de LUTECA. 

Suéter y zapatos de JEFFREY RUDES, pantalón de SALVATORE FERRAGAMO. Silla equipal de LUTECA. 

Pasaste casi veinte años haciendo audiciones. ¿Qué te motivó a seguir, a no darte por vencido?
No sabía hacer otra cosa. Realmente llega un momento, sobre todo si te conviertes en un nerd del cine y el teatro, en el que se vuelve parte de tu identidad. Al final, entrenarse, practicar y luchar se acaban convirtiendo en algo cotidiano y dejan de sentirse como el gran reto. De hecho, cambiar era lo que me daba miedo. Creo que había aceptado definitivamente la posibilidad de ser el típico actor que siempre está luchando, hasta el día que ya no pudiera subir las escaleras para hacer una audición, porque, como te he dicho, no sabía hacer otra cosa y era demasiado perezoso para aprender. Y, bueno, también tenía la infundada esperanza de que lo podía lograr. Y suerte, tengo mucha suerte. Por muy jodidos que estuvieran los tiempos, siempre había algo: un trabajo, una obra de teatro, una experiencia, un cheque de las regalías de un episodio de Buffy, cazavampiros −que pagaba la mitad del alquiler− o una obra en las afueras de Boston. Cada vez que parecía que no iba a superar el mes financiera o emocional- mente, se presentaba algo en el último momento que conseguía mantenerme a flote y me permitía seguir. 

IGOR RAMÍREZ GARCÍA-PERALTA
Fotografía: STEFAN RUIZ
Realización: MICHAELA DOSAMANTES