Valentino y el árbol de la vida

Valentino y el árbol de la vida

 La belleza indestructible

“La belleza (si es éste el modo que uno escoge de darle uso a la palabra) es profunda, no superficial; oculta a veces, más que evidente; consoladora, y no problemática; indestructible, como en el arte, antes que efímera, como en la naturaleza. La belleza aquella clase que se estipula como edifcante perdura.” — Susan Sontag

La belleza de la imagen se preserva, indestructible, tal como lo dijera Susan Sontag, en una obra de arte. En el caso de El gesto suspendido, el documental creado por Javier Irigoyen, encontramos una decena de mujeres que pertenecen a lo que podría pensarse es, hoy en día, una especie en extinción; señoras de una generación en la que existía una significación social del gusto. Este es el tema que elige Irigoyen, artista audiovisual mexicano radicado en Nueva York, que plantea la pregunta ¿Qué es más verdad, la realidad dada o la realidad inventada?, mientras explora las formas de apropiación de una clase determinada, de las practicas que hacen estilo de vida, de la estética como un universo de posiciones, la forma de portarse y comportarse, al cuerpo como al más grande portador de signos: el maquillaje preciso, la elección del vestido, los accesorios que portan, la manera de sostener el cuerpo, la forma de detractar al tiempo, los efectos de la cosmética y la incidencia de la moral en todas estas selecciones, todo esto sin ser superficial, sino más bien sutil, que es la virtud que lo hace perdurable.

Irigoyen se inclina a creer que la realidad es amplia, que se construye, que es un proceso de largo recorrido, que no solo viene dado, que se modela y se le da forma continuamente de manera intencionada. De este modo, su cinta, que presenta a algunas de las mujeres más reconocidas de laalta sociedad mexicana; abre con una imagen de la aún muy hermosa Patricia Segués de Barrios Gómez, viuda de un legendario comunicador y diplomático, artista plástica por mérito propio y la única modelo mexicana para un retrato hecho por Andy Warhol. Junto a ella aparecen Raquel Bessudo, la formidable Marie-Thérèse Hermand de Arango; las hermanas Ana Luisa y Patricia Lerdo de Tejada, Gabriela Hassey deMadrazo, Guadalupe Artigas de Ramos Cárdenas, María Luisa Barrera de Serna, Malú Montes de Oca de Heyman y Lourdes Ariza, todas ellas elementos de un México que hoy ya no existe, pero que en su momento fue capturado en millares de fotografías, en planas de diarios y revistas. Estas mujeres conforman un tiempo compuesto dememorias del presidencialismo y collares en forma de serpiente, cuadros de Diego Rivera, Zárraga y Tamayo, deseos sin cumplir, un hermoso árbol de la vida hecho de barro, abstinencia y cuadros abstractos, vestidos de gala de Valentino y Givenchy; bustos de bronce, una par de sonrisas, muchas miradas, casas palaciegas, perritos de compañía, caballos purasangre, hijos, esposos, y unos deseos muy grandes de conocer al próximo nieto.

Javier Irigoyen presenta una mirada de experto a estos objetos de belleza:  “Me atrae esa idea de modelar la verdad, de hacer una verdad propia y de construir una ficción que se torne en verdad para uno mismo”  Es así que, deambulando en esta idea de verdad inventada se cruza en el camino de su lente, una señora de mediana edad, postura muy estudiada, el maquillaje muy sutil pero efectivo, ataviada en Chanel. Sonríe pero no, parpadea pero no. La cámara juega con la noción de que hay algo ficticio en la imagen, pero al mirar de cerca se descubre la mirada libre de todo artificio.

Una señora lleva a otra señora y esta a otra señora y el director termina retratando a un conjunto de mujeres que representan a lo más selecto de un sistema de clases, pero las mira sin juzgar, utiliza el video como lienzo y le da composición y movimiento, aprovechando la luz o la ausencia de ésta; de este modo el estilo pasa de Vermeer y Rembrandt en una toma, a Hopper y Bacon en otra.

Irigoyen es el ojo del espectador; lo nutre, lo educa, le ayuda a mirar, acercarse la realidad enrarecida de estas mujeres. Se abstiene de emitir una opinión y prefiere que otrosmiren y juzguen si quieren “¿Quién soy yo para decirles qué opinar o cómo opinarlo? Mi opinión aquí no cuenta, mi punto de vista, en cambio, sí”.  Es por lo mismo que este es un filme silente, solo acompañado de un score realizado por Cabezas de Cera. Elimina la palabra, diseña cada momento, y construye por completo la imagen porque no encuentra otra manera más real de mostrar su realidad que creando una nueva.

Siguiendo el precepto de Susan Sontag sobre la belleza, Javier Irigoyen, encuentra lo profundo en lo que otros verían banal, lo sublime en lo que podría ser frívolo; lo sensible al fondo de lo elegante. Es en ese ajuste tan preciso donde mejor enseña la realidad hecha a la medida de alguien, en este caso estas damas que aún representan de un modo icónico un tiempo y un lugar, demostrando que, en efecto, cuando la belleza viene desde dentro y es fuente de optimismo, resulta perdurable y él, artista en este ejercicio de observación, ha conseguido crear un trabajo no solo estéticamente radiante; también es una obra de arte.

- MIGUEL CANE