Hey, bro!

Entrevista con Niki Haas, del dúo artístico The Haas Brothers 

Niki y Simon Haas (Austin, 1984) son dos individuos tan especiales como su arte, que en síntesis puede definirse como la perspectiva distinta, alegre y original con la que ven el mundo que los rodea. Comunican su interpretación de la realidad a través de una explosión de entusiasmo puro, colorido y sano que es difícil de en- contrar. Recientemente han presentado la exposición titulada King Dong Come en la galería R & Company de Nueva York, donde exhiben una selección de pie- zas con pieles sumamente cuidadas y elaboradas, o mejor, de personajes casi vivos con un espíritu que agradaría a cualquiera. En esta sesión de preguntas y respuestas, su testimonio nos confirma que, en efecto, son unos artistas verdaderamente únicos.

¿Cuál es vuestro lema?

Últimamente ha sido «la claridad llega en la adversidad», aunque lo veo más como un mantra. El 2016 fue un año complicado para muchos. Tengo buenos amigos que se cargan de energía en los tiempos difíciles y la transforman en grandes éxitos. Personalmente, en ese año tuve que afrontar retos muy duros, y me enorgullece decir que los convertí en algo positivo para mí mismo a través de mi arte. El mundo ahora es algo inestable, quizás estemos en un momento de adversidad colectiva. Mi opinión es que esto va a generar una gran cantidad de buen trabajo entre los grupos que decidan aprovecharlo. El mundo está defnitivamente, en un punto en el que la gente puede decidir crear un futuro mejor o, simplemente, dejar que el tiempo pase. Creo en la humanidad y tengo fe en que el futuro será bueno y prometedor.

¿Cómo te definirías?

Soy escultor y jugador de hockey. Me encanta apoyar a la gente que me rodea, a la gente que quiero. Creo que el arte que hacemos en nuestro estudio me define ne muy bien. Estoy muy orgulloso de él y de las personas que me ayudan a crearlo.

¿Cómo definirías vuestro trabajo?

Me gusta pensar en nuestro trabajo como golosinas rellenas de medicina. Creo que es fácil apreciarlo, o eso espero, e identificarse con él. Me gustaría que las personas pudieran absorber el aspecto pop que tiene a primera vista, hasta poder apreciar su mayor complejidad y poder desarrollar algún tipo de relación con él. Veo nuestras obras como pequeños pedazos de nosotros mismos que vamos dejando para los demás. Una vez que nos hemos desprendido de nuestros deseos y necesidades para liberarlos al mundo, pueden cumplir un propósito mas importante en la vida de alguien más y usarlas para hacer con ellas lo que sus propios pensamientos y deseos les dicten. 

¿Cuándo os disteis cuenta de que queríais trabajar juntos? 

Siempre hemos trabajado juntos, desde que éramos pequeños. No creo que hayamos sido conscientes; más bien, ha sido nuestro modo de vida, nuestra realidad desde que nacimos. 

Describe vuestro trabajo con tus propias palabras. 

Es muy divertido, emotivo y está bien hecho. Aunque a simple vista parezcan golosinas, creo que tienen un significado más profundo si la gente se esfuerza por verlo. Creo que la motivación de un artista al hacer una obra de arte no es tan importante como la experiencia por la que pasa el espectador cuando la mira. Nuestro estudio intenta hacer obras que permitan a la gente crear sus propias experiencias al mirarlas. Me gusta pensar que funcionan como incubadoras de pensamientos para el espectador, como una pizarra en blanco para la mente que invita a las experiencias personales a alcanzar un pensamiento natural y progresivo: ese es nuestro fin último. Aunque, por supuesto, si la obra es solo una pedorreta muy elaborada y logra hacer reír a alguien, también me doy por satisfecho. 

¿Qué te viene a la mente cuando digo la palabra arte? 

¡Mierda! Esta sí que es difícil. Indudablemente, no hay una sola respuesta, aunque recuerdo bien una vez que fui a la Cy Twombly Gallery en la Menil Collection de Houston. Nuestros padres nos llevaron allí precisamente para ver la galería, la acababan de inaugurar. La experiencia fue increīble. Renzo Piano diseñó el edificio y es bellísimo; la obra de Twombly era impresionante. Recuerdo quedarme parado frente al enorme Untitled (Say Goodbye, Catullus, to the Shores of Asia Minor) (1994), estaba anonadado. Sen- tir eso es arte, de alguna manera. No el cuadro en sí, sino la capacidad de inspirar ese sentimiento en al- guien que ni siquiera conoces: eso es arte. Tenía apenas 11 o 12 años, y esa fue la primera vez que me sentí identi cado con el arte abstracto.

 

¿Qué proyecto o invento ha revolucionado la historia de la humanidad? 

El iPhone. Creo que le ha cambiado la vida a casi todo el mundo. Simon siempre cuenta esta historia: una vez, en Nueva York, vio pasar un autobús con un anuncio de Apple que tenía un iPhone gigante; al lado había una madre con su bebé de 3 años. Estaba lo suficientemente cerca como para que el bebé alcanzara a tocar el anuncio. El bebé alzó su brazo, quería deslizar el botón de desbloqueo en la imagen del iPhone. ¡Increíble! Esta herramienta ha transformado el mundo para siempre. 

¿Qué proyecto o invento ha revolucionado tu historia personal? 

La herramienta que más he usado en mi vida es el esmeril angular. Es simple y a la vez fácil de adquirir. Muy eficaz y útil para casi cualquier trabajo de construcción. Lo llevo usando desde que tenía 10 años. Sin duda, es la herramienta que ha tenido más influencia en la realidad de cómo construyo mi arte. 

¿Cómo imaginas vuestro arte en el próximo siglo? 

Espero que siga siendo relevante. Por suerte, hemos hecho el esfuerzo de publicar libros y dejar toda nuestra obra en formatos que puedan archivarse, así que, al menos, seguirá existiendo durante el próximo siglo. Si sigue habiendo mercado para nuestro arte aunque ya estemos muertos, supongo que me sentiría feliz y orgulloso. Me haría muy feliz saber que nuestra obra todavía tiene algún efecto sobre la gente. Espero que algún día, cuando ya no esté, las obras en las que he participado conmuevan de alguna manera a un niño, como la de Twombly me conmovió a mí en la Menil Collection. 

¿Cuál es la mejor versión de ti mismo? 

Mi mejor versión es el yo feliz. Lo mismo en la relación entre Simon y yo. Aunque la productividad importa - y es, en gran medida, lo que hace que nuestro estudio funcione- , en realidad tratamos de invertir tiempo y energía en hacer que todas las personas relacionadas con nuestro estudio sean felices. 

¿De qué se siente culpable un artista? 

En lo personal, el hecho de considerar nuestra obra casi como algo «sagrado» y dedicarle más tiempo y energía que en tratar de ser una buena persona y alguien feliz. Mucha gente dice que los artistas son excéntricos, cuando en realidad no son más que unos gilipollas. Se necesita mucha seguridad en uno mismo para ser artista, pero creo que esa seguridad a menudo puede convertirse en egolatría. Creo que muchos artistas y figuras públicas son susceptibles de caer en eso, de creerse su propia propaganda. De eso me declaro, definitivamente, culpable. 

¿Vosotros también coleccionais obras?

¡Claro! Uno de los mayores lujos de ser artista es que puedes intercambiar tu trabajo con otros. Hemos intercambiado obras con Alex Prager, Jeff Zimmer- man, Takuro Kuwata, Hun-Chung Lee, Jonas Wood, Mason Poole, Sergio Rodríguez, Galen Pehrson, Greg Chait, Devendra Banhart y Wendell Castle.

¿Cuáles son tus obsesiones y por qué? 

Me encanta la música y los instrumentos musicales. De joven solía hacer giras de manera profesional, por lo que me acostumbré a comprar equipo musical, como guitarras y sintetizadores. Tengo una buena colección de álbumes. También me gusta jugar al hockey sobre hielo. Me gusta salir a pasear por California, en el desierto o en la costa. Mi esposa y yo nos acabamos de comprar una casa y un viejo Buick de 1971, de modo que pasamos mucho tiempo en ambos. 

¿Podrías decirme algún ídolo de tu época? 

Mick Jagger, ¡porque es la puta caña! No podría pensar en nadie más guay o más emblemático. Creo que ese tío cambió el mundo y se ha mantenido guay incluso en la vejez. 

Texto: MARIA CRISTINA DIDERO
Fotografía: MASON POOLE