Bellas de noche

La reinvención de la vedette de los ochenta

La joven directora María José Cuevas manifiesta  en el documental Bellas De Noche los distintos prejuicios que aún se tienen hacia la mujer, sobre todo hacia aquellas que se dedicaron a entretener al género masculino en un periodo del mundo del espectáculo ya casi olvidado. Para la debutante realizadora, abordar la vida de cinco vedettes, que re- presentaron toda una era dentro del ámbito del entretenimiento en México durante las décadas de 1970 y 1980, significa más un acto de nostalgia que una exhaustiva indagación sobre lo que habrían devenido estas celebridades con el paso del tiempo. Al fin y al cabo, se trata de cinco estrellas de distintos escenarios que se diferenciaron del resto por el manejo de esa excepcional mezcla de erotismo, sensualidad, morbo y cine de bajo presupuesto. 

"Fueron 10 años de realización, desde que conocí a la Princesa Yamal que fue quien me despertó la idea de hacer este documental. Me relacioné con ella por medio de mi novio de entonces. Él estaba escribiendo un guion sobre el robo del Museo de Antropología de la Ciudad de México y me mostró una foto de todos los implicados. «¿Qué hace una vedette en ese grupo de cómplices?».  Se trataba del robo más importante de la historia del país", declara María José en entrevista exclusiva para Solar, escasas semanas después de que su documental se estrenara con un éxito inusitado en el Festival de Cine Ambulante. 

Los implicados en la histórica estafa fueron arrestados cuatro años después del incidente, cuando la actriz era pareja de uno de los delincuentes. La casualidad de que se encontrara en la foto originaría, años después, la idea de hacer el documental que reuniera en- trevistas y momentos reveladores de cinco mujeres de la noche: Olga Breeskin, Wanda Seux, Rosy Mendoza, Lyn May y la Princesa Yamal. 

“Gracias a mi padre [el célebre artista plástico, José Luis Cuevas] crecí alrededor de estas mujeres. Mi papá me llevó al Teatro Blanquita a ver a Lyn May. De repente yo llegaba a casa y me topaba con Olga Breeskin. Te confieso que decir quién era mi padre me abrió las puertas; sin embargo, tuve que hacer un trabajo exhaustivo de convencimiento con estas mujeres para que se soltaran en mis entrevistas. Al final, todo esto no es más que un homenaje a mis recuerdos de la infancia”, agrega la cineasta, quien expresa evidentemente una devoción por mantener un retrato compasivo de estas mujeres, quienes han luchado por conservar su autoestima durante los últimos años. No conviene olvidar que estamos hablando de una sociedad machista que, con el paso del tiempo, ha menospreciado a las que unas décadas atrás había llamado los sex symbols del momento. 

“Creo que el valor de Bellas de noche está en la intimidad y el nivel de confianza que logré con estos personajes. Hay un inminente cariño entre ellas y yo, y esto se dio únicamente con el paso del tiempo. Silo hubiera hecho de manera rápida —por ejemplo, en solo dos años—, jamás se habría dado la confianza que necesitaba. Tuve el apoyo del Eficine, un estímulo fiscal del Instituto Mexicano de Cinematografía, por lo que firmé un contrato que me forzaba a terminar la película en un momento determinado; pero si no hubiera sido así, yo seguiría charlando con ellas”, añade María José, quien asoció a su hermana Ximena al proyecto en carácter de editora de la cinta. 

“Lo más complicado de todo esto fue la edición porque teníamos cerca de ciento ochenta horas de material, y reducirlo a 90 minutos significó ir matando escenas que yo adoraba. Ximena me ayudaba a ir despojando secuencias una vez que tuvimos el enfoque del documental, el cual, nalmente, se resumió en haber tenido el privilegio de conocer a estas mujeres desde otra perspectiva”, admite María José, quien filmó a las vedettes sin una gota de maquillaje, algunas de ellas incluso bailando los famosos pasos que les dieron renombre, pero ahora desde la intimidad de su cocina. La directora insiste que Bellas De Noche está basado en la complicidad. En sus propias palabras  “en esta película nadie le hizo el favor a nadie. Simplemente se trató de un ejercicio en el que, por primera ocasión, estas mujeres se vieron en pantalla y se sintieron hermosas, además de aceptarse entre ellas mismas”. 

El carácter imparcial del proyecto llevó a María José a remunerar a sus entrevistadas con una cantidad confidencial de dinero, pues se trataba de una película realizada en equipo, por la que las protagonistas apostaron incluso cuando la directora no contaba aún con los recursos para realizarla, cuando todo se trataba de una mera idea. Sin embargo, la mayor remuneración que recibió la realizadora la tomó por sorpresa: “El público joven ha abrazado este trabajo. En un principio, pensé que yo era la única loca que había tratado de acoger esta nostalgia, la nostalgia de una era”. 

-OSCAR URIEL