Artista siempre, artista ante todo

Filipinas reivindica la importancia de Roberto Chabet para el desarrollo del arte asiático

N O N A G A R C I A (1978) Untitled, 2010, óleo sobre lienzo, 2 9 , 5 x 2 1 , cortesía del artista y Asia Art Archive, Hong Kong.

N O N A G A R C I A (1978) Untitled, 2010, óleo sobre lienzo, 2 9 , 5 x 2 1 , cortesía del artista y Asia Art Archive, Hong Kong.

Fuera de Asia se le conoce poco aún y, sin embargo, Roberto Bobby Chabet (fallecido en el 2013 a los 76 años) es el padre del arte conceptual filipino, además de maestro y mentor de varias generaciones de jóvenes artistas. Una vez más, parece que el mundo del arte tarda demasiado en reconocer el valor de un autor atrevido y original, cuya trayectoria es fundamental para entender el desarrollo del arte contemporáneo filipino y asiático. 

Nacido en Manila en 1937 como Roberto Rodríguez, adoptó el apellido materno al hacerse artista. Ya había varios Rodríguez en el mundo del arte y el vanguardista Chabet, intelectual, cerebral y en muchos sentidos elitista, no quería arriesgarse a que le confundieran. Pese a que estaba destinado a convertirse en un destacado docente de Bellas Artes no estudió esta disciplina sino arquitectura, y su formación se refleja en las instalaciones abstractas que le dieron a conocer, basadas en el uso de objetos encontrados y materiales para la construcción, desde madera contrachapada, pintura de paredes y espejos hasta soportes de estanterías, neones y sujetapapeles.

Tomb, (1978) Collage, 28 x 19, 28 x 19, cortesía del artista y Asia Art Archive, Hong Kong.

Tomb, (1978) Collage, 28 x 19, 28 x 19, cortesía del artista y Asia Art Archive, Hong Kong.

Convencido de que la idea detrás de la obra es más importante que el objeto en sí, nunca manifestó un especial interés por el proceso de creación ni la manipulación de los materiales. Una actitud que no le impidió reflexionar sobre lenguajes más tradicionales como la pintura, protagonista de 10 000 Paintings I Must Paint Before I Die (2009), una de sus instalaciones más emblemáticas. Idolatrado por unos y denigrado por otros, fue atacado al mismo tiempo tanto por los sectores conservadores como por los ámbitos activistas, que llegaron a tacharlo de efímero, burgués, reaccionario y filoccidental, aunque nunca dejó Filipinas. Lejos de obligarlo a explicarse, las críticas le reafirmaron en su rechazo a cualquier tipo de institucionalización. «No busco la eternidad ni para mí ni para mis obras. El arte es para el momento, después solo queda la memoria», solía afirmar Chabet, quien apareció en la escena artística de la isla con una memorable performance en la que desgarraba un libro sobre el arte contemporáneo filipino y lo tiraba a la papelera.

Detalle de Untitled Yellow (Proust/Vermeer), 1976, MDF, acrílico, neón, clipboard con fotografías, 365,76 x 243,84.

Detalle de Untitled Yellow (Proust/Vermeer), 1976, MDF, acrílico, neón, clipboard con fotografías, 365,76 x 243,84.

Más allá de la diatriba sobre la auténtica importancia de Chabet para la historia del arte internacional, lo que resulta innegable es su papel primordial para el desarrollo del arte contemporáneo filipino y la formación y difusión de los jóvenes creadores de la isla. Así lo prueban los numerosos mensajes en las redes sociales que lamentan su muerte y lo recuerdan como un mentor apasionado, capaz de infundir confianza en sus discípulos y de empujarlos a buscar sin miedo su propio lenguaje. De ahí que sus alumnos aportaran gran parte de los materiales que componen el Chabet Archive, conservado en el Asia Art Archive, que sirvió de base para su primera monografía completa, publicada en 2015 por King Kong Art Projects Unlimited. 

Además de destacar por su trabajo docente durante 31 años, en 1969 fundó el Centro Cultural de las Filipinas y el año siguiente instituyó 13 premios, que se siguen otorgando, para reconocer la excelencia y el talento emergentes. 

   Untitled, 1976, collage y lápiz sobre papel, 26,7 x 17,8, todas las imágenes cortesía del Asia Art Archive, Hong Kong.

 

 Untitled, 1976, collage y lápiz sobre papel, 26,7 x 17,8, todas las imágenes cortesía del Asia Art Archive, Hong Kong.

Firme partidario de las prácticas colaborativas, se percató enseguida del potencial de las redes sociales, que utilizó intensamente hasta el final bajo el pseudónimo de Ángel Flores Jr., un personaje de ficción que creó con Benjamin Bautista y Ramon Katigbak en 1968 para un polifacético y pionero proyecto artístico. Aunque algunos le consideraran demasiado frontal, sincero y hasta ingenuo para un ambiente dominado por el mercado y los juegos de poder, Chabet fue intransigente consigo mismo y con su búsqueda de lo sublime en los objetos cotidianos, rehusó siempre ajustarse a las convenciones y se mantuvo alejado tanto de los críticos como de los aduladores. 

- ROBERTA BOSCO