London Fashion Week

Londres lidera con expectativas de rebeldía, y eso deseamos con la esperanza de encontrar una voz más fuerte que la de Nueva York. Pero, ¿hubo anarquía en el Reino Unido? Desafortunadamente, no. Políticamente, el fervor que esperábamos encontrar en Londres nunca apareció. En cambio, esto fue reemplazado con feminidad simple, en donde las colecciones fueron bellas, en la mejor manera.

Christopher Bailey presentó una perfectamente comercial protesta de tejidos deconstruidos y popelinas de algodón para Burberry. Y Erdem, aunque estuvo inspirado por su abuela turca no fue menos predecible; flores y flores y más flores. La presencia artesanal fue el hilo conductor esta temporada, siendo quizá una manera de luchar contra nuestra ya tan digitalizada cultura.

Las verdaderas estrellas, sin duda, fueron los nuevos talentos. Londres tiene este talento de cultivar talento joven. Dos graduados de Central Saint Martins, Matty Bovan y Michael Halpern lideraron el grupo. Bovan brilló con una combinación de tejidos brillantes ricos en textura y piezas inspiradas en el patchwork. Una combinación entre East London y una sensación al estilo Galliano. La visión de Halpern se proyectó a través de pantalones acampanados y mini faldas, cubiertas en lentejuela – un escapismo tipo Studio 54, enfocándose en la atención al detalle. 

- MICHAELA DOSAMANTES & HEARTLEIGH LITTLE

London Fashion Week (English)

London leads with the expectation of rebellion, and we hopped across the pond hoping for a stronger voice than that of New York. But was it anarchy in the UK? Unfortunately, no. Politically, the fervor that we’ve grown to expect from London was missing. Replaced instead with simple femininity, the London lineup was pretty, at best.

Christopher Bailey presented a perfectly commercial (ie. see-now, buy-now) protest of deconstructed knitwear and structural cotton poplins at Burberry. And Erdem, though inspired by his Turkish grandmother (see pompom trims and folky embroidery), was nothing less than predictable; florals, florals, and more florals. The mark of handcraft was a common thread this season, perhaps a small kick to our digitized culture?   

The real stars, though, were the newcomers. London has such a knack for cultivating young talent. Two Central Saint Martins grads, Matty Bovan and Michael Halpern led the pack. Bovan pulled off DIY-style with a mélange of brightly textured knits and patchwork outerwear. It was East London cool with an almost Galliano-like twist. Halpern’s vision came in bell-bottoms, catsuits and flared minis, drenched in sequins – a Studio 54 kind of escapism garnering quite the frenzy of retail attention.