C’est moi: Zemmoa

Mucho se ha dicho, escrito, fotografiado y reproducido sobre la artista más transdisciplinar, sincrética y glam del pop de México. Zemmoa, fonéticamente «soy yo» en francés, es cantautora, pianista, productora, cineasta, modelo, diseñadora de joyería, artista visual, activista LGBTTTI y mucho más, ya que forma parte de la asociación civil Mexiro (Actúa Consciente y Gira a México), cuyo objetivo es testar la realidad para mejorar la calidad de su país y de la sociedad. Una divinidad oráculo, soñadora y lúcida, que profetiza Nada nos va a vencer, y por eso, en los últimos años, ha sido admirada y reconocida mundialmente. Por primera vez, y con el fin de escribir un artículo gonzoso, penetramos en su mundo interior; una imagen secreta, el refugio de su infancia, su dormitorio.

En la tierra de los coyotes vivía la Zultana Zemmoa en una casa regia al más puro estilo de las mil y una noches. Después de un mail, dos llamadas y cuatro wasaps, llego a las siete de la tarde con una botella de vino tinto riojano. Ya ha oscurecido, la puerta se abre y en la penumbra su silueta me invita a pasar. La sigo a tientas a través de un gran salón medieval repleto de objetos y cuadros indeterminados. Cuando llegamos a la cocina, enciende la luz y coge unas copas. Por fin la contemplo, esbelta y ágil, con zapatillas deportivas, viste un huipil blanco adornado con grecas negras y un pantalón de hilo gastado con chorreras flamencas y estampados con rayones grises anaranjados, como si de una pintora expresionista abstracta se tratara. Su pelo suelto, lacio y rubio de mil tintes, resplandece. La gracia es natural y salvaje o no será. Subimos una escalera rústica mientras susurra que la casa es de su familia y que está con unos amigos editando un videoclip. Cuando llegamos al primer piso, un mueble estantería saturado de enciclopedias y discos de vinilo ocupa el largo pasillo, y en la pared, colgada, una reproducción de American Girl in Italy. Entramos en una habitación, entro a su dormitorio, mientras me presenta a su amigo Andrés, a la Billetera y a un iPad mini pegado a un jovencito con sombrero negro; pienso que me encuentro en el lugar más 

íntimo y sagrado del mundo extrauterino. Espontáneamente me espeta que también hay un primo suyo en otra habitación y que es guapísimo, «pero entre familia es un problema», con un guiño de moralidad transgresora. Nos reímos a la vez que busco un buen asiento para el espectáculo que está a punto de empezar. «¿Tienes una sábana?» Primera pregunta de
cortesía, amabilidad y respeto. La sensación que le ha llegado de la nuca la siente ahora por la espalda. De repente el ambiente se prende. Me siento como Marcello en La dolce vita.

La luces de la sala se apagan, la première galáctica de Dispuesto a ti, el primer videoclip de Mancandy como cantante y compositor de reguetón gay, un despipote. Zemmoa, por supuesto, la madre Coatlicue del ritual de bautismo de su amigo Andrés. Fundido a negro. Las pupilas dilatadas de las artífices esperan mi opinión: «La dirección es la mirada,
y el montaje, el latido del corazón». Zemmoa se pone manos a la obra y sus gafas graduadas y doradas, Clark Kent, de su colección privada. En modo editora, reajusta fotogramas entre planos, lipstick synch, cut ups. Cirujana plástica de la postproducción, se mueve
como sirenita en el agua, inserta nuevos planos para crear arritmias sinestésicas. La corrección de color es el maquillaje. Trabajo y placer es la filosofía perfecta del matrimonio. Un nuevo render antes de la duodécima revisión. El momento justo para aventar una segunda pregunta improvisada, pero Zemmoa salta felinamente agarrándose en cruz a los travesaños para aullar sin temor: «Lo tengo todo, tengo una sábana, tengo belleza, tengo dinero, tengo familia,
tengo amigos, amigas, amantes, tengo arte, tengo…». Con la boca entreabierta pienso que no hay suficiente espacio para tanto… Como artista del drama introduce una pirueta en su discurso: «Pero nunca he sentido el amor total por ser quien yo soy y por eso maldigo
a Dios». Aplausos en favor de Zade.

Salvado por la campana. Suena el timbre, el iPad mini sube una pizza, alitas de pollo y una revista Acid Drop. Devoran. Da gusto ver comer a la gente mientras aprovecho para beber y beber un buen trago para refrescarme la epiglotis. Para entretener a las comensales les cuento la historia de Warhol y su esposa. «¿Su esposa?», pregunta. «Sí, siempre llevaba una grabadora y la presentaba como su esposa». Zemmoa entra al ruedo enfundada en una capa roja Jingle Bells. Silencio. Por fin el momento musical. Los dedos de sus yemas acarician las teclas y las uñas cromadas y doradas martillean. De pie, junto al piano Casio, veo a Mozart. Arrebato. Canta a capela. «No me sentí sola hasta que pensé en ti». Volátil y sentimental hasta la médula. Guau. Mi cerebro, recurriendo a mis diez mil billones de elementos de información, es capaz de interpretar el sonido. Floto por el universo: barbies, marylins, la Virgen, la biografía de B.B., Planeta Bowie, efigies, semidioses, elefantes de trompas tiesas, venus de glitter, un abanico japonés, perfumes, juguetes y unos pequeños ponis arcoíris, los guardianes de un misterio. El sexto sentido de la música transmite ondas cuánticas. Es un médium. Fundido a blanco 

¿Cuál es tu propósito? ¿Crear realidad? «Quiero que haya libertad para cualquier minoría, que todo el mundo viva sin miedo y con respeto. Defender los derechos de las mujeres, lesbianas o no, homo sapiens, transexuales, intergéneros, animalistas… Aunque soy consciente de que llegará el clímax de defender los tabúes de la humanidad… ¡Que no exista el género!», dice rotundamente. Tomo el relevo y digo: «Sería un mundo feliz». «Qué buen libro», me dice por lo bajini.

Cambios de posición y de estados, canciones de YouTube, euforia, reflexiones sobre Internet y la segunda vida, el alma del dinero, Trump y el subconsciente, chismes, su primer beso, cartas y dibujos de su infancia, las huellas de su perra Mónica Lewinsky, Z la última chica Almodóvar, las «Erecciones generales de la Padre Patria», Neverland y el Rey Niño, el Renacimiento, la soledad y el vacío de su corazón, el altar de sus muertos, el Z/M del amor, Frida y la necesidad vital de crear, la inteligencia de las flores, etc. Pausa para ir al baño, mi lugar favorito; me miro al espejo y me arreglo el fular de la vanguardia rusa. En conclusión, sin temas no hay charlas.

Después de resucitar por trigésima vez el vídeo, se levantó Zemmoa del ordenador y dice a la plaza con los brazos alzados: «¡Habemus vídeo!». La Billetera, emocionada; pero, al igual que un infante al descubrir los regalos de Navidad, no puede contener su vocecita de niña caprichosa: «Quiero unos retoques cosmos en mi primer plano». (Pasa un ángel exterminador). Pero al unísono de coreo de cheerleaders gritan: «Cosmos, cosmos, cosmos, cosmos». Digo: «Claro, prueba, que es gratis». Zemmoa se ríe y lanza la carta a los Reyes de Oriente: cuatro pantalones, cuatro chamarras, cuatro camisetas, etc. Miro el armario y comento que es muy pequeño. «Tengo otra habitación». Carcajada. Aguanto mi curiosidad de fisgón, porque eso sería otra botella.

Zemmoa husmea sutilmente y a ritmo de cadera hace una limpia espiritual de la cantina pirata con copal. Descorchamos una segunda botella de vino tinto del valle de Guadalupe y por arte de magia me saco unos bombones de mi morral. Mientras el render prosigue, me revela un sueño. De un cajón saca una libreta de colegiala. Es el libreto de una película, ella quiere hacer la banda sonora y dirigirla. ¡Aguas! Como sabe que yo soy cineasta y productor, la proposición indecente. Ojeo y leo «XXXX». Quince minutos después de su speech, sin pestañear le disparo que solo con su portada ilustrada a mano y su entusiasmo me imagino el bombazo. Vaselina al revés, Cry Baby. Un nuevo género mexploitation coproducido por Zemmporio e Irma Vep. Ahora entiendo por qué Artaud veneraba México y Dalí lo odiaba. ¿Dónde son las mejores fiestas? Aquí.

El dormitorio es realmente su Zemmporio, nombre de su sello creativo, pero también su taller, estudio, factory, altar, mausoleo, museo, templo, escenario, salón comedor, pista de baile... En definitiva, una cueva de tesoros acumulados y escondidos por el tiempo en paredes, cajones y grietas. Atrapado en la espiral hacia abajo por el agujero de conejo tuve que recordarme: ¡Hay más días que longanizas! ¡Prefiero mil preguntas que una buena respuesta! ¡La Z por el Zorro y la doble M por la doble N de Madonna! ¡La multiplicidad de yoes del Yo! ¡Haz de tu voluntad la ley! ¡La noche y el momento!

Me reconfortó ver que la imagen pública y mediática publicada en Internet y fantaseada antes de la cita fue el yin y el yang de la señorita que conocí y vi esa noche de viernes a sábado. O es la niña interior que se inventa todas las mañanas cuando se mira al espejo y cruza el umbral de su casa de ensueño. A medianoche me despedí afectuosamente de la mayestática Zemmoa y de sus fabulosos amigos. Me acompañó con la hospitalidad de una anfitriona hasta los límites de sus dominios, y como una cenicienta ebria, vagué rumbo a mi casa y murmuré: «Yo soy México».

- CARLES ASENSIO

Fotografía: PÍA RIVEROLA
Realización: NAYELI DE ALBA