Ivan Comas, el nuevo angelino

Ivan Comas, el nuevo angelino

Ivan Comas nació en Buenos Aires, pero tras formarse como artista en Europa se ha establecido en Los Ángeles, donde nos recibe en su estudio para hablar de su última exposición, After Sonora (Steve Turner, Los Ángeles, 2016).

¿Cómo decidiste establecerte en Los Ángeles?

Me fui de Buenos Aires cuando tenía 18. Estuve siete años en París, donde estudié en la École des Beaux-Arts, y uno más en Berlín. Cuando vine a Los Ángeles el año pasado a preparar mi primera exposición, decidí quedarme aquí. Me gusta mucho porque tiene algo muy latino; está al lado de México y la gente habla español. 

¿De qué forma está presente América Latina en tu obra?

Mis primeros trabajos están claramente influenciados por América Latina, por el aspecto de megalópolis como Buenos Aires o Sao Paulo. Allá todo se destruye y reconstruye al mismo tiempo, está en constante cambio, es algo que está en mi trabajo. 

¿De dónde nace tu interés por el paisaje?

Empecé fotografiando París durante mis primeros años allí, cuando me di cuenta de que me atraía la realidad social de la ciudad: la urbe, el caos, los grafitis y las personas que la habitaban. Poco a poco me fui interesando por la superficie de la ciudad, que refleja sus gestos, su historia. Fue a partir de este proceso que la idea de paisaje urbano se hizo fundamental en mi trabajo.

¿Y cómo comenzó tu interés por el paisaje natural?

Hubo una transición desde el paisaje urbano, cuando viví en Berlín. Llegué allí en el verano y me impresionó la cantidad de espacios verdes en la ciudad: muchos lagos, árboles, parques. Es una ciudad llena de naturaleza. Comencé a observar cómo los espacios naturales y urbanos convivían, y me empezó a interesar mucho la naturaleza. Salía a la calle con una tela blanca y fotografiaba las sombras de los árboles en diferentes momentos del día. Al mismo tiempo, pintaba los fondos de mis telas, imitando la superficie de la ciudad: pintando y borrando, una y otra vez.

Después, con una impresora UV, imprimía encima las sombras de los árboles, transformadas en Photoshop. Fue entonces cuando cambió mi mirada y comencé a trabajar con el paisaje natural, al mismo tiempo que con la tecnología.

En tu última exposición, After Sonora, se aprecia claramente tu interés por el paisaje natural y el color.

Esta exposición es la culminación de un proceso que había empezado antes, una progresión que he hecho desde hace dos o tres años. Después de vivir en Berlín, en un viaje que tuve a la Ciudad de México,  decidí tomar un vuelo a Tijuana y explorar los paisajes del norte del país. Es increíble cómo choca el golfo de California con todos los desiertos, creando un contraste entre el azul y el amarillo. Fue a partir de esa experiencia que el interés por el color se hizo evidente en mi trabajo.

También se percibe un cambio en tu técnica pictórica.

Al principio trabajaba con materiales de  construcción, como el yeso, el cemento o el asfalto, y creaba obras muy texturizadas. Tanta materialidad llegó a molestarme y empecé a trabajar solamente con pinturas de casa y acrílicos, para incluir un poco de color. Fui sacando el relieve y, cuanto más sacaba, más me acercaba a la naturaleza. También comencé a usar una impresora UV de alta precisión, programándola de modo que la imagen impresa quedara muy difusa. Trabajo con esta impresora como si fuera un pincel: uso la tecnología para lograr un efecto pictórico, de modo que, cuando ves la superficie de la tela, no entiendes dónde empieza la mano y dónde
la impresión.

¿Cuáles son tus próximos proyectos?

Mi proyecto es instalarme en Los Ángeles. Estoy haciendo un trabajo de búsqueda y pasaré el resto del año sin exponer. Tengo planeadas varias exposiciones para el próximo año, pero de momento no puedo adelantar detalles.

- LAURA VILA

Fotografía: JUSTIN WILCZYNSKI