Pareja explosiva

Danny Fox y Tati Compton, con el arte entre las sábanas

«¿Estás listo para besuquearme la cara ante la cámara?», pregunta jocosa ella. «Oh, sí», responde riendo él, antes de dirigirse hacia el sofá desde el que Mason Poole ya ha comenzado a sacar fotos. Danny Fox y Tati Compton, marido y mujer, el pintor británico y la tatuadora americana, se fueron de Londres hace poco más de un año. Los Ángeles parece ser una nueva etapa, una más tranquila, especialmente para Danny, que dice que ya no sale tanto como antes. En las paredes de su bonito estudio cuelgan enormes óleos que representan buena parte del barrio. Su próxima exposición, Iconoclasts, se inaugura en la Saatchi Gallery de Londres en septiembre. Le pregunto si el clima político actual de los Estados Unidos le afecta. «Intento no tratar directamente temas políticos en mi trabajo, pero por supuesto que influye. Cuando vas a pintar, el barrio siempre se verá afectado por ese clima. En cualquier parte y a cualquier hora, siempre está pasando un maldito asunto político. Si a día de hoy te fijas en las pinturas que se hicieron de George Bush, parecen obsoletas e irrelevantes. Intento no involucrarme de esa manera, de ese modo visual, pero me gusta pintar sobre lo que me rodea».

Lo que ahora mismo encuentra a su alrededor es una gentrificación galopante; en una manzana tienes Skid Row y todo lo que representa, mientras que en la esquina siguiente se venden zumos a 15 dólares: las dos caras del Downtown de Los Ángeles. Si Fox se inspira en lo que le rodea, la cabeza de Tati vuela alto: «Mi fuente de inspiración es, probablemente, más imaginativa cuando dibujo para mí misma que cuando tatúo, y creo que, para mantener eso vivo, leo un montón de libros sobre criaturas mitológicas y hadas, el mismo tipo de cosas que dibujaba mientras crecía. También dibujo muchas cosas psicodélicas, es muy liberador y me hace sentir como una cría». La pareja acabó en Los Ángeles casi por accidente. Hace cosa de dos años, el pintor Henry Taylor, un amigo de Danny, lo invitó a quedarse en su estudio de Los Ángeles mientras él estaba en una residencia artística en México. A través de unos amigos comunes, el talento de Tati llamó la atención del reputado Saved Tattoo, donde actualmente muestra sus habilidades con la aguja. Así que la decisión de mudarse surgió de una manera bastante natural. 

DSC_1819.JPG
DSC_1585.JPG
DSC_1588.JPG

Le pregunto a Danny si alguna vez dudó en dedicarse por completo a su carrera artística, ya que suele ser un camino complicado. Tati interviene: «Creo firmemente que no hay nada que Danny pudiera ser excepto pintor. Nunca fue una opción ser cualquier otra cosa, pero, claro, solo es mi manera de verlo». Danny responde: «Estoy de acuerdo. Nunca pedí el apoyo ni la aprobación de nadie, así que nunca tuve que luchar contra nada. Lo hice sin más».

Tati ha tenido muchos trabajos, todos los habidos y por haber: «Cualquier cosa para hacer algo de dinero, dejarlo, gastar lo que había ganado y, acto seguido, conseguir otro trabajo de lo que fuese». Como Danny. Pongo énfasis en el éxito que han tenido haciendo lo que realmente les gusta. «Poder hacer algo creativo y ganarse la vida con ello es un sueño», dice ella. Les pido que me digan algo que les guste de la gente. «El otro día pensaba en ello, y puede que suene un poco cursi, pero me parece algo muy bonito cuando alguien se enorgullece de su trabajo. ¿Suena mal?¿es una cosa muy de padre? Consiste, simplemente, en hacer bien tu trabajo», contesta Danny. Es un perfeccionista. Cuenta que, a veces, termina un cuadro, no le gusta y vuelve a pintar encima. «Hay muchos cuadros debajo de los cuadros finales». Tati comenta: «Si los viésemos con una máquina de rayos X sería increíble. Debe de haber, por lo menos, unos diez cuadros debajo. Por las mañanas se levanta y, sin más, pinta sobre un cuadro y el anterior desaparece. Y yo pienso: “Oh, dios mío, ¿qué estás haciendo?”. He pensado en que sería genial si cada día documentase cada cuadro, porque el anterior ya no existe». 

DSC_1681.JPG
DSC_1780.JPG

Pintar es lo contrario a tatuar, en la piel solo tienes un intento. «Definitivamente, sí», ríe ella. «Eso también es lo bonito de los tatuajes, porque pueden ser una cagada, pero ahí están. Y lo que también pasa es que tienes a un ser humano que confía en otro que le dibuja algo en la piel y que estará ahí para siempre. También hay algo trivial, ya que solo se trata de un tatuaje, no es gran cosa. No es un drama».
Danny y Tati llevan juntos cinco años. 

DSC_1727.JPG
DSC_1547.JPG
DSC_1709.JPG

Danny, cuando pronuncio el nombre de Tatiana, ¿qué es lo primero que te viene a la cabeza? 
Cuando la conocí, sentí que era una fuerza de la naturaleza, así que el escuchar su nombre siempre me remite a lo que supuso conocerla. 

¿Y a ti, Tati? 
Marido.
[Ambos se ríen. «Un maldito camino de rosas», dice Danny con sarcasmo]. 

¿Cómo os conocisteis? 
Era mediodía y yo iba a tatuarme con Liam Sparkes, que es el mejor amigo de Danny en San Francisco, y como él estaba fuera en ese momento, me dijo que volviera a las siete. Así que esperé siete horas, y Danny estaba allí, sentado en el suelo, mirándome fijamente. No tenía dónde quedarse, dormía en el parque, y me enamoré de él mientras esperaba a tatuarme. Le di las llaves de mi casa, pero yo dormí en otro sitio. 

¿Por qué?
Porque, en ese momento, yo tenía algo parecido a un novio. (Risas). Me desperté a las seis de la mañana y corrí para ver si aún seguía allí, y ahí seguía. Supe que iba a estar con Danny para siempre, había estado esperándole toda mi vida. Estuve enviando señales desde que era pequeña y, finalmente, apareciste. Ella lo mira. «¿Qué estás pensando?», le pregunta. «Que podría decir lo mismo». Ella prosigue: «Aquel día me sentía llena de amor, estuve así el día entero antes de conocerle, aunque también he de decir que había tomado setas». Se ríe enseñando sus dientes. Ambos poseen unas dentaduras difíciles de olvidar, imperfectas, personales, unos hermosos dientes de oro y un amor el uno por el otro que calienta el corazón. 

Texto: NATALIA BONIFACCI
Fotografía: MASON POOLE