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Estirpe extinta

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Silvia Pinal, la diva intrépida

Silvia Pinal (Sonora, México, 1931) lleva más de ochenta años haciéndose la tonta. Las mujeres inteligentes siempre tienen que ser condescendientes; de lo contrario, tarde o temprano acaban en la hoguera. Silvia se hacía la tonta cuando posaba para Diego Rivera, mientras él la intentaba escandalizar con relatos de amor lésbico; también cuando le preguntaban por su rivalidad con María Félix, la Doña, magnífica e insoportable; y asimismo cuando discutía con Luis Buñuel sus guiones indescifrables. Con todas las tablas de una cómica manipuladora, curtida en cuidar la reacción del público, se las arregló para ser la actriz que, junto con Lilia Prado, más películas realizó con el director de Calanda.

La relación de Silvia Pinal con Luis Buñuel no comienza con Viridiana (1961), su primera película juntos, sino años antes, cuando por mediación del actor Ernesto Alonso intentaron filmar Tristana. Llamaron a todas las puertas, pero lo poco comercial del cine de Buñuel hizo imposible encontrar la financiación para rodar la película. Imaginen la cara de esos mismos productores cuando vieron, en 1970, el resultado con Catherine Deneuve en pantalla. Un buen jarro frío de champán.

Silvia Pinal no cesaba en su empeño y, en uno de sus viajes por Europa, gracias a Paco Rabal, se encontró con el director en el Hotel Plaza de Madrid. Fue ahí donde le presentó a su nuevo marido, Gustavo Alatriste, futuro productor de sus películas. Cuando la actriz le contó el plan que tenían, Buñuel se limitó a preguntarle: “¿Y por qué iba a querer un mueblero como su marido financiar la película?”. Ella contestó: “Porque me ama”. No debe olvidarse que, a la fecha, Silvia Pinal ha tenido cuatro maridos, más todos los secretos que escondan sus sábanas. 
Cuando Viridiana ganó la Palma de Oro en Cannes en 1961, L’Osservatore Romano —el periódico del Vaticano— la calificó de película impía y se sintió traicionado por el gobierno del general Franco, cuyo tribunal de censura había permitido su realización. Fue entonces cuando se ordenó la destrucción de la cinta, y Silvia Pinal huyó, desde París, con el negativo a salvo en bolsas de plástico para llevarlo a México. No fue sino 10 años más tarde cuando la película obtuvo la nacionalidad y pudo distribuirse. “Hasta entonces, la gente la veía en sótanos e incluso en una de las siete colinas de Roma, donde una vez fue incautada”, cuenta la actriz con ese orgullo de los que se saben personajes de la historia.

Quizá cuando Silvia Pinal se enfrentó al Buñuel más oscuro fue con El ángel exterminador (1962), en la que deseó participar en un reparto coral, a pesar de haber triunfado con Viridiana. La atmósfera surrealista y onírica de la película reinaba también en el rodaje y, según sus propias palabras, “nunca hubo una explicación sobre de qué trataba realmente”.

La tercera y última película que hicieron juntos, Simón del desierto (1965), donde Silvia Pinal tiene el papel del Diablo, fue originalmente concebida como un conjunto de tres episodios en el que intervendrían varios directores. A pesar de que la actriz y su marido lo intentaron con Fellini y Dassin, no pudieron llegar a un acuerdo con ninguno de los dos, y la película quedó como un mediometraje alejado del tiempo comercial para su exhibición en salas.

Por supuesto, hay Silvia Pinal antes y después de Buñuel. Pero todo lo que nos hace idóneos para un momento de la historia nos echa a un lado en el siguiente. Y nos preguntamos por qué los mismos ojos, las mismas manos, las mismas piernas que un día actuaron con los mejores directores de cine terminaron sucumbiendo al poder de Televisa. No toda la culpa es suya. A sus 85 años, tiene una energía difícil de contener, y la época que nos ha tocado vivir es, sencillamente, barata.

- PEDRO CANICOBA 

Ilustración: CARLOS DE LAS HERAS