VerSolar Magazine

Al margen del sexo

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Al margen del sexo

Mediante una serie de preguntas sobre las relaciones simbólicas, las formas de mediación y de representación de las construcciones sexuales, este grupo de obras se reúne en lo que podría ser una exposición imposible. ¿Cómo se vinculan las actividades físicas del deseo con el espacio arquitectónico? ¿Qué clase de papeles y objetos están en juego cuando se activan los rituales de la seducción?

Si estas obras constituyen una representación bidimensional o concreta del sexo que no tiene que ver con la pornografía, pero que aun así sigue teniendo por objeto el sexo, el arte visual es un registro de imágenes en donde las cosas se convierten en elementos formalizados, historizados y simbolizados. Si bien sería fácil alegar que el arte y la pornografía están cada vez más cercanos, que la constante y rápida circulación digital de imágenes ha sido permitida precisamente por la pornografía, y que en consecuencia esto fue aprehendido por el arte (en lo que por algunos minutos se llamó arte post-Internet), estas obras no presentan una preocupación por el sexo en sí mismo —como un acto entre dos o más personas o animales—, sino por todos los procesos construidos y acumulados a su alrededor, y la forma en que estos procesos se codifican y decodifican.

Hay una extensión de estos espacios intermedios, de los intersticios, de lo que sucede al margen del sexo, de los cuerpos, los espacios y las personas, que poco a poco se apodera de la sexualidad misma. Y declaramos esto tomando en cuenta los análisis de Foucault sobre la época victoriana1 y la hiperrepresión del sexo —que terminaba por transferirse y codificarse en una variedad de objetos no sexuales—, y cómo esta discusión se ha integrado como parte activa de un proceso creativo. Estas obsesiones, cultural e históricamente, han estado presentes en las sociedades de tradición cristiana y, posteriormente, han estructurado la historia del arte occidental. Sin embargo, en la actualidad podemos ver cómo este fenómeno se extiende en distintas direcciones.

Además, estamos pensando en las nuevas modalidades de subordinación, esclavitud o dominación que se relacionan con las formas de extracción de la riqueza, el trabajo y las construcciones sociales contemporáneas. Dichas modalidades se materializan en este grupo de obras en la medida en que hay cierto peso o pesadez —o una noción del peso y la gravedad— que se hace visualmente accesible para el espectador por medio de las cualidades de los cuerpos registrados en las obras.

Es posible discernir el género al que pertenecen los cuerpos, pero en ciertos casos la identidad es distorsionada, convirtiéndose en objetos, abstracciones o geometrías formalistas. Pese a este grado de codificación, hay momentos de reconocimiento que prevalecen porque ciertos gestos o movimientos siguen siendo reconocibles. Estos momentos pueden vincularse con la relación entre el yo y el otro, y con toda la genealogía de teorías acerca de cuánto podemos acceder o entender sobre nosotros mismos en el otro. La intimidad de estos momentos es, entonces, siempre parcial, siempre opaca, siempre ubicada en una zona de indeterminación y anonimato. Una intimidad de la que somos partícipes y a la vez público.

Por lo demás, algunas de estas obras también cuestionan la condición del ser, que tiene que ver con las preocupaciones del nuevo materialismo, de la ontología orientada a los objetos y de todo lo que puede pasar al margen de la conciencia humana, de los intercambios que pudieran hipotéticamente estarse realizando entre las cosas. (Como en la Cuña de castidad de Duchamp, en la que hay un comportamiento sexualizado aun en contra de la naturaleza de su función.)

- DANA KOPEL y HUMBERTO MORO