ConocerSolar Magazine

La mujer maravilla

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La mujer maravilla

Dos millones y medio de kilómetros recorridos en seis años al frente de la diplomacia mexicana.

Durante sus seis años al frente de la Secretaría de Relaciones Exteriores de México (2006-2012), Patricia Espinosa Cantellano recorrió dos millones y medio de kilómetros en avión. El cálculo estuvo a cargo de los miembros de su equipo, ya al final de su trayectoria como canciller, admirados ante semejante hazaña laboral y aérea. Un tiempo de arduo trabajo y cuantiosos aeropuertos que la actual embajadora en Alemania recuerda más como un privilegio que como una paliza. Diplomática de carrera, Patricia Espinosa es una de las políticas mexicanas más respetadas y conocidas fuera de su país. Un ejemplo de ese prestigio ha quedado impreso en las memorias de Hillary Clinton, Hard Choices (Simon & Schuster, 2014), donde la actual candidata demócrata a la presidencia de Estados Unidos recuerda cómo, en un viaje a México en 2009 para tratar los problemas del narcotráfico, conoció a Espinosa, entonces al frente de asuntos exteriores en el gobierno de Felipe Calderón. “Espinosa, una diplomática de carrera, se convirtió desde entonces no sólo en una de mis colegas favoritas, sino en una buena amiga”, afirma en las páginas del libro la ex secretaria de Estado y ex primera dama de Estados Unidos.

“Espinosa, una diplomática de carrera, se convirtió no sólo en una de mis colegas favoritas, sino en una buena amiga”. HILLARY CLINTON

La embajadora responde con timidez al halago: “Fue una suerte tratar con ella; es una mujer muy sensible, que conoce bien México. Es admirable cómo ha hecho una carrera política propia después de haber acompañado a su marido en la Casa Blanca. Nosotras hemos hablado mucho de su vida y de nuestros hijos, y me siento privilegiada por esa amistad. Ahora mismo lo que le puedo decir es que sigo con mucho interés su campaña y que, como decimos en México, le pongo changuitos”.

Al teléfono desde su despacho en Berlín, ciudad en la que reside, Espinosa no hace honor a su apellido y habla sin asperezas: cordial y cálida, divertida y relajada, pese a su saturada agenda. En 2001 ya había sido embajadora en Alemania. Luego la destinaron a Austria; fue representante ante los organismos internacionales con sede en Viena. Entre los cargos que ha ocupado están los de encargada de asuntos económicos de la misión de México ante las Naciones Unidas en Ginebra y miembro de la Misión Permanente de México en las Naciones Unidas en Nueva York. Es experta en desarme, narcotráfico, derechos humanos, desarrollo social y derechos de los niños. Por supuesto, es también defensora de los derechos de género; quizá por eso alza la voz, animada al escuchar que tal vez éste sea por fin el siglo de las mujeres. 

Al preguntarle si existen cualidades femeninas que beneficien la gestión política, responde sin titubeos: “Tenemos mayor apertura a la hora de escuchar, buscamos compromisos en la vida y ejercemos la autoridad de otra manera. Creo que las mujeres tenemos mayor disposición al diálogo y también creo que entendemos que la autoridad no significa dar órdenes, sino ver para qué sirven esas órdenes. Creo que hemos aprendido mucho observando la capacidad de negociación que han tenido nuestras madres y abuelas en la familia, con los hijos, y creo que ésa es una cualidad que nos ayuda a desenvolvernos cuando estamos al frente de un equipo. Y, bueno, también podemos hacer dos cosas al mismo tiempo, algo de lo que, en mi experiencia, muy pocos hombres son capaces. Estar, por ejemplo, en una reunión y pensando en la medicina de la niña enferma o en el regalo para la fiesta de cumpleaños de un amigo de nuestro hijo. Hay hombres que también lo hacen, desde luego, pero hasta ahora son excepciones”.

“Las mujeres tenemos mayor disposición al diálogo y también creo que entendemos que la autoridad no significa dar órdenes.”

La vida diplomática en Alemania (un país federal muy descentralizado) es compleja pero estimulante: “Me gusta Berlín; es una ciudad en permanente transformación, con una diversidad cultural, gastronómica y de la naturaleza que hacen muy atractivo vivir aquí”. Además, está el desafío de habitar una Europa perdida, en transformación y ante un momento crucial de su historia. 

Formada en el Colegio Alemán de la Ciudad de México, debe su vocación diplomática a esta institución “y al contacto que tuve desde niña con el mundo exterior. Fue entonces cuando tomé conciencia muy temprana de que ocurrían cosas más allá de mi país. Es importante entender una carrera diplomática como un proyecto de vida y no como un trabajo; tienes que estar dispuesto a cambiar de lugar, a vivir en diferentes lenguas y a asumir que tu vida familiar está supeditada a estos cambios”. Casada y madre dos hijos, ha logrado conciliar su profesión con su familia, “con sacrificios, pero con mucha ayuda de mi esposo”, sostiene. “He tenido mucha suerte, pero también le he puesto mucha energía para lograr esa conciliación que es tan importante para nosotras”. 

Al recordar el enorme desgaste físico que le supusieron tantas horas de vuelo como canciller, asegura que pudo soportarlo gracias a una receta muy simple, que la hace recargarse de energía con facilidad: descansar. “Me ayuda mucho que duermo, y muy bien. Ése es mi gran secreto. En cualquier circunstancia doy la cabezada y sin necesidad de pastillas. Así aguanté tantas horas de avión cuando era ministra. Dormir bien: ésa es una enorme ayuda”.

- ELSA FERNÁNDEZ-SANTOS 

Fotografía: IRINA GAVRICH