El diablo era mujer

El diablo era mujer

Javier Temple ha sido el pionero del transformismo en Perú y el alma de todas las fiestas limeñas, de lunes a lunes, de una discoteca a otra, de una casa acá a otra allá. 

Javier Temple ha sido el pionero del transformismo en Perú y el alma de todas las fiestas limeñas, de lunes a lunes, de una discoteca a otra, de una casa acá a otra allá. “¿Lo que menos me gusta de la noche? El amanecer”. Diva de lugares como el Inti, Studio One, El Company, Gitano, Caesar’s Palace, Acuarius, Perseo o Espalda, en los que ha decorado —con brillantina, pintalabios y mucho ron— la historia reciente de Perú, desde la dictadura de Velasco en los años setenta y los toques de queda en los ochenta hasta los primeros años del siglo veintiuno. “He hecho lo que he querido y en la noche nunca hubo límites para mí. Lo importante era divertirme, a veces de forma muy inconsciente, pero jamás agrediendo a nadie. Simplemente he sido yo y, al final, la gente te quiere por ser tú mismo”. 

Es tauro y fumador empedernido; sus ojos verdes, grandes y luminosos resaltan en un cuerpo flaco, muy flaco. Tan flaco que en ocasiones han dicho que estaba muriéndose de VIH. “Hasta tres veces me han dado por muerto. Me salía un grano y tenía SIDA”. Se mofa de la falsa moral limeña: “Me parece muy tonta. A veces te encuentras hasta con seis tipos bien machos que te fastidian y se burlan de ti, pero terminas en la cama con por lo menos cuatro de ellos”. Tiene pareja, es celoso, absolutamente fiel, aunque no cree en la fidelidad; vive solo en una casona heredada de su abuela y venida a menos. Escucha música de principios del siglo veinte y todo el día ve películas de sus divas: Bette Davis, Greta Garbo y Marlene Dietrich. Mejor, durante toda la noche. Porque con sus 62 años sigue siendo totalmente noctámbulo: “Me quedo hasta las seis de la madrugada siempre”. Ha sido maquillador, apuntador de teatro, bordador, peluquero, actor, diseñador de ropa, showman y publicista, pero insiste en que es flojo, muy perezoso. 

“A veces te encuentras hasta con seis tipos bien machos que te fastidian y se burlan de ti, pero terminas en la cama con por lo menos cuatro de ellos"

Su alias escolar era “la narizona” y ha estudiado en seis colegios distintos, no porque lo hayan expulsado, sino porque ha vivido entre Trujillo y Lima. “¿El futuro? No me fijo en el futuro. Simplemente deseo que si me quedo en silla de ruedas, que sea motorizada”. Cuando caminaba por la calle, los autos paraban el tránsito para mirarlo. “Al final aprendes a vivir sin fijarte en nadie, siempre con la cabeza muy alta”. Lo que siempre mira él son los más de cincuenta retratos de “la Temple”, entre pinturas y fotografías, que cubren las paredes de su dormitorio. Todos son regalos de sus amigos, “porque sí, siempre me han querido y sobreprotegido mucho, como yo también he querido”. 

- I+ M

Fotografía: I + M