Tiempo de antihéroes

Tiempo de antihéroes

Charla con Ricardo Darín en Cannes (o de cómo “el Bombita” encarna a Argentina en todo el mundo)

Pareciera absurdo considerar que un actor en la vida real pudiese resultar tan afable y simpático como los mismos personajes que interpreta. El argentino Ricardo Darín es una de esas rarezas. Darín es un histrión reconocido en prácticamente todo el mundo, principalmente por sus entrañables interpretaciones en comedias, melodramas o thrillers que han dado la vuelta al mundo, rompiendo las barreras del idioma y de la idiosincrasia nacional. Nueve reinas, Kamchatka, Luna de Avellaneda, El secreto de sus ojos y, principalmente, El hijo de la novia lo han convertido en el intérprete argentino más internacional de su industria. 

Recién se lanzó en dvd Relatos salvajes, la producción de Damián Szifrón que recolecta cuentos tragicómicos, los cuales develan el comportamiento llevado al límite de los ciudadanos de una convulsiva sociedad moderna. Ahí, Darín caracteriza a Simón, un hombre que sufre una crisis nerviosa ante la burocracia gubernamental, transformándolo en “el Bombita”, vengador anónimo.

 “Acá en Francia ese tipo de situaciones los tiene muy enardecidos por igual. Cuando las instituciones se llevan por delante a los ciudadanos, el asunto se convierte en algo engorroso de sobrellevar, pero ¡cuidado! Esto no es algo únicamente de Latinoamérica. Esto pasa en todos lados”, nos dice en entrevista exclusiva, al referirse a la resonancia que estas historias aparentemente tan latinas podrían tener en el resto del mundo. 

“Tengo unas ganas enormes de interpretar a un hijo de puta. Siempre me toca hacer personajes que soportan inconvenientes”

El actor incluso se confiesa víctima de los procederes administrativos en su país. “Claro, yo tuve un incidente bastante grave con la grúa que se lleva los autos estacionados. Por eso, cuando leí la historia me sentí emocionalmente identificado con el acto. Fui a renovar mi pasaporte a los alrededores del departamento de policía de Buenos Aires, una zona donde prácticamente es imposible estacionarse, y la grúa se llevó mi coche porque me pasé sólo un minuto del tiempo pactado. Me puse como loco”, confiesa el histrión, quien actualmente colecciona reconocimientos por el drama Truman del catalán Cesc Gay, en donde comparte créditos con el español Javier Cámara. 

“Tengo unas ganas enormes de interpretar a un hijo de puta. Siempre me toca hacer personajes que soportan inconvenientes, ¿sabés? Por eso resulta tan interesante hacer villanos en cine. Es una especie de catarsis, porque uno se permite interpretar a humanos sin censura”, dice categóricamente Darín. 

El argentino también ha logrado notoriedad por sus francas declaraciones en distintos medios de comunicación; por ejemplo, comentarios que lo atan a dar la espalda a Hollywood o a criticar abiertamente el gobierno de su país. “Yo nunca dije nada de Tarantino; eso fue una confusión de las que normalmente ocurren. Me adjudican unas cosas en Facebook que yo nunca dije. Hay gente que me abraza y me besa en la calle pensando que soy el líder de la oposición de la Argentina, pero yo nunca he dicho nada de eso. Alguna vez hice una pregunta y se armó reverendo lío”, aclara Darín, con el objetivo de dar por terminado ese asunto. 

Por otro lado, lo cuestionamos sobre la imagen que tiene en la perspectiva cinematográfica internacional, que lo relaciona invariablemente al cine comercial argentino. “Por una asociación de trabajos se crea un perfil aleatorio alrededor de tu persona, pero afortunadamente esas cosas cambian muy rápidamente. Yo creo que hay muchos referentes de nuestro cine. Afortunadamente, en la Argentina se filma mucho. Lo que ocurre es que a veces se junta una serie de trabajos, y entonces uno es más conocido en alguna parte del mundo por un tipo de cintas, pero te aseguro que en Argentina hay mucha alternancia, actores y directores que están haciendo cosas distintas”, dice Darín. 

Antes de despedirnos, pregunté a Ricardo sobre la industria cinematográfica de su país. “Es difícil hacer un estudio objetivo. Para que una industria se solidifique, necesitamos la protección de pantalla de nuestro cine. Me refiero a entender que las majors puedan colocar sus Godzillas en las salas, pero también encontrar simultáneamente un espacio para el cine nacional. Tenemos que trabajar más, a pesar de que se ha avanzado mucho en esa área. También es fundamental entender que los presupuestos de cada película están estimados hasta su montaje, pero ¿qué sucede después? Se olvidan de que se debe dar a conocer la cinta al público para que éste tome interés o no. No se pueden hacer ciento cincuenta películas y que nos enteremos de sólo diez. El otro gran resto debería tener la misma oportunidad”. 

A brief chat with Ricardo Darin in Cannes, or how "el Bombita" personifies Argentina the world over

It might seem absurd to expect an actor to be as affable and good-natured in real life as the character of the individuals he plays, but Argentinean Ricardo Darín is one of those rare cases. He’s recognised practically the world over thanks, in essence, to his touching performances in comedies, melodramas and thrillers that have had success around the globe, breaking barriers of language and national idiosyncrasy. Nine Queens, Kamchatka, Avellaneda’s Moon, The Secret in Their Eyes and above all Son of the Bride have made him his country’s most internationally renowned name in his industry.

Wild Tales has recently been released on DVD, a collection of tragicomedies written and directed by Damián Szifrón that reveals the limits of those who live in today’s convulsive society. In the series Darín plays Simón, a man who suffers a nervous breakdown in the face of government bureaucracy and turns into El Bombita, Little Bomb, an anonymous avenger.

“Here in France these types of situations cause the same kind of angry reaction too. When bureaucratic institutions trample on the citizens it’s tough to endure. But this isn’t something exclusive to Latin America. It happens everywhere”, says Darín in his exclusive interview with us, referring to how these stories, at heart so Latino, also have the power to resonate among viewers from the rest of the world. He even reveals he was a victim of bureaucratic processes in his country before he filmed the series.

“Oh yes. I had a pretty serious incident with the tow-truck that takes parked cars away, so when I read the story I identified emotionally with what had happened. I went to renew my passport at the police headquarters in Buenos Aires, a place where it’s nearly impossible to park, and they towed my car because I went over the time limit by one minute. I went crazy”, says the actor, who is currently receiving acclaim for the drama Truman, by Catalan Cesc Gay, where he shares the credits with Spaniard Javier Cámara.

“I’m so keen to play a son of a bitch. I always get the guy who has to put up with all the problems, you know. That’s why it’s so fascinating to play the bad guy in a movie. It’s a type of catharsis, because you can interpret a human being with no limits”, says Darín emphatically.

The Argentinean has also gained notoriety across the media for some of his frank statements to a number of different media outlets, such as comments that people take to mean he’s turned his back on Hollywood, or is openly criticising his country’s government.

“I never said anything about Tarantino, that was the standard type of mix-up that always happens. They put words that I never said in my mouth on Facebook. People hug and kiss me in the street believing I’m the leader of the opposition in Argentina, but I never talked about that sort of stuff. I’ve occasionally asked questions and it caused an almighty kerfuffle”, says Darín with the aim of putting the whole issue to bed.

We also raised with him the international image that he has in the cinema world, one that invariably associates him with commercial Argentinean film-making.

“On the basis of a relationship between different jobs you get assigned a random profile, but luckily these things change very fast. I think there are a lot of standard-bearers in our film industry. Luckily there are a lot of films made in Argentina. What happens is that at times a number of jobs all line up together and you end up being known in some part of the world for a certain type of film, but I can assure you that in Argentina there’s a lot going on, with actors and directors who are doing different things”, says Darin in reference to the diversity of films coming out of the Southern Cone.

Before wrapping up, we asked Ricardo to analyse the film industry in Argentina. This is what he had to say:

“It’s hard to look at it objectively. To have a strong industry, we need to make sure our country’s films are on the screens; for me it’s about accepting the fact that the majors are going to be able to have their Godzillas showing in theatres, but at the same time space is found for domestic cinema too”.

“We need to work harder, despite all the advances made in this area. It’s also vital to understand that the budgets for each film are calculated on the basis of filming, but then what happens? It gets forgotten that you need the audience to find out about the film if you want them to be interested in it. You can’t make one hundred and fifty films and then we only find out about ten. All the rest need to get the same chance.” 

OSCAR URIEL

Ilustración: CARLOS DE LAS HERAS