Los nuevos auténticos: Quim Gutiérrez

Los nuevos auténticos: Quim Gutiérrez

Un macho ibérico, catalán de rasgos toscos, nariz amplia y dientes separados. Quim Gutiérrez comparte con Solar un inicio: cruzando los Pirineos para aventurarse en el cine francés, después de haber invadido las pantallas españolas en cine y televisión.

Quim estrena este año dos largometrajes que realizó con la humildad de quien inicia algo nuevo, pero sabe lo que vale. En los próximos meses, veremos su trabajo en Wulu, dirigida por Daouda Coulibaly, y en Emu Plains, dirigida por Jim Loach, en la cual comparte créditos con Carmen Maura y Paz Vega.

¿En qué momento decidiste ser actor? 

Siempre identifico mi primer contacto con la interpretación con el placer de ponerme delante de gente y llamar la atención. Recuerdo cuando vi a Pasqual Maragall, entonces alcalde de Barcelona, ofreciendo una rueda de prensa después de anunciarse que la ciudad sería sede de las Olimpiadas. Tuve la certeza de que yo quería ser como él, que se subía en un estrado y todo el mundo le hacía caso. Había algo interesante en eso. Vinieron después funciones en mi colegio en las que siempre acababa teniendo papeles de cierta importancia, no creo que de manera casual, pero tampoco buscándolas. Cuando tenía once años, les dije a mis padres que me gustaría ir a una escuela de teatro amateur para probar. Y en esa escuela de teatro, al final del periodo hicimos una función en la que también me las apañé para tener un papel importante. Había gente de la televisión autonómica buscando chavales para hacer una serie. Así, a los 12 años empecé a hacer mi primera serie.  La serie fue muy célebre en Cataluña. Mi personaje era el típico adolescente medio malote, medio simpático, medio travieso… De repente era el niño de Cataluña, y eso llama mucho la atención. En mi casa decidieron no entrar en la rueda de alabanzas y agasajo general, sino ser especialmente duros conmigo. Yo jamás dejé los estudios, que era la premisa básica. A mí me gustaba estudiar. Cogía el taxi para ir al plató y luego un taxi de vuelta a los exámenes. 

¿Por qué dejaste la serie? 

La dejé por cuestiones personales. Quedé muy agobiado con la repercusión de ir por la calle y no poder ser un adolescente normal y hacer el imbécil. Yo jugaba a baloncesto entonces con el equipo del colegio. A esa edad los del otro equipo son “los malos”, los quieres matar. Recuerdo que en los partidos las madres de los niños del otro colegio venían a hablar conmigo y a pedir a autógrafos. Yo la pasaba muy mal, porque mis compañeros de clase me decían: “Pero tío, ¿qué haces hablando con el enemigo?”. Era un tipo de situación que se reproducía constantemente. Y sí, había niñas que gritaban mi nombre, pero luego estaban sus compañeros de clase que querían pegarme cuando salía de fiesta. No era nada agradable sentirme tan observado.

¿Cuándo decidiste regresar a la interpretación?

Estuve cuatro años estudiando en el instituto de manera normal, luego empecé a estudiar Humanidades en la universidad y en el primer año me entró de nuevo el gusanillo de hacer algo, pero con la idea de hacer teatro, jamás televisión. Ahí es donde está la esencia de la interpretación. Me apunté a una academia de interpretación en Barcelona y ahí estuve un año. Muy rápidamente, a final de curso, fui a un casting de TV3, la televisión autonómica, para ver gente nueva y al poco tiempo me ofrecieron una serie en la que estuve tres años. Para el último año, ya estaba agobiado creativamente y me di cuenta de que no podía continuar. Coincidió con cambios en la serie y aproveché ese momento para hacer castings en Madrid en 2005.

¿Fue entonces cuando rodaste Azuloscurocasinegro, por la cual obtuviste el Goya al Actor Revelación en 2007?

Tu primer papel protagónico y directo a los premios. Sí, tuve mucha suerte, porque efectivamente fue mi primer protagonista. Estoy convencido de que hay varios eventos afortunados en la historia que uno debe poner en su sitio. Luego entiendes que la realidad no siempre es así. Yo jamás, jamás he sentido que la profesión lo es todo. Siempre seguí estudiando y cultivando otras áreas que me puedan dar una solvencia económica, no solamente previendo por si la cosa no fuera bien, sino por el estímulo intelectual que me dan otros campos y que me parece muy necesario. Y tampoco es que me haya obligado a hacerlo; va conmigo, siempre he tenido la necesidad de buscar estímulos en otros lados.

¿Interpretación para ti siempre es arte?

Creo que, hasta en el proyecto más desafortunado de todos, siempre hay una pequeña parcela en la que puedes ejecutar una porción de arte. Incluso en el peor de los ámbitos no solamente hay trabajos dignos, sino formas dignas de hacer el trabajo. Siempre hay esa parcela en la que puedes hacer la guerra de tu lado, dentro de las premisas que te marca el proyecto, para hacer las cosas a tu manera. Hay margen para hacer cosas; de hecho, ésa es mi premisa. Es verdad que a veces haces películas con menos ilusión que otras, pero para mí siempre hay un sentido de obligación. Nunca he ido a trabajar pensando que lo que estoy haciendo es equivocado, en el conjunto del rodaje. Siempre hay alguna lección positiva que extraer. Lo veo en las fotografías que hicimos. Te gusta interpretar a un personaje.

¿Sucede lo mismo cuando modelas?

Cuando te metes en promoción de películas, hay muchas editoriales y fotos. Desde el principio tuve la sensación de que las cosas salen mejor cuando estás concentrado. Me refiero a playing something. Es algo que he aprendido con la interpretación y no tiene que ver solamente con el resultado. Sucede en el teatro, por ejemplo, cuando crees que has hecho una función espectacular y la gente que lo ha visto no comparte la opinión. En el cine es igual. Crees que no has dado la mejor toma y, cuando la ves, el resultado es la hostia. A mí me fascina ese décalage entre lo que uno cree que da y la realidad. En todas las artes visuales, al espectador le da igual si tú lo has vivido intensamente o no. Yo me reservo a mí un espacio para mi goce personal; lo paso mejor si estoy dentro. Eso pasa también con las fotos cuando modelo. Sí, podría hacerlas con un poco más de ligereza, y a lo mejor no habría tanta diferencia desde fuera, pero para mí la diferencia está en mi goce personal. Me imagino estar en un rodaje y, aunque me vistan de una manera en que yo jamás me vestiría, me digo a mí mismo: play that character.

¿Cómo se dio la campaña de Givenchy en 2013-2014?

Creo que Almodóvar tuvo algo que ver. Los fotógrafos Mert y Marcus estaban haciendo las fotos de Loewe en Madrid y al día siguiente hacían las de Givenchy. Estaban buscando a personajes en España y llamaron a Pedro para pedirle recomendaciones. Supongo que le dijeron mi nombre a Riccardo Tisci; curiosamente, él había visto Azuloscuro en París años antes y se acordó de mí.

¿Interpretas en otras lenguas?

Sí, he rodado dos películas en Francia con mucha humildad, discreción y con los pies en el suelo, pero voy dando pasitos en esa dirección. Rodé una película en Senegal el año pasado y hay varias cosas pendientes en Francia. Lo que pasa es que las cosas nunca van a la velocidad que a uno le gustaría: cuando has trabajado bien y de manera concienzuda, te sientes preparado para proyectos que no siempre llegan a la velocidad que te gustaría.

¿Te has salido de tu zona de confort?

Sí, creo que he sabido aprovechar las situaciones de tensión, incomodidad e inseguridad para hacerme fuerte. No me tiembla el pulso con cosas grandes. Por ejemplo, desde que empecé a hacer fotografía, he recuperado una sensación que hacía tiempo no tenía con la interpretación: los nervios antes de rodar. Haciendo fotografías he recuperado este miedo. Sabes lo que quieres, pero no tienes las tablas todavía en ese oficio como para saber que, pase lo que pase, vas a poder resolverlo. Y esos nervios son maravillosos: el momento en que están con la cámara colgada, la chica está a punto de salir de maquillaje, está todo montado, está puesta la luz y dices: “¿Qué coño hago yo aquí?”. En la interpretación esto me ocurre con los proyectos franceses. Hay una discapacidad lingüística porque, aunque hablo francés, no es mi lengua materna, y las descargas de adrenalina son increíbles. Yo cada vez busco más ese tipo de riesgos, de incomodidad. ¿Qué es lo peor que puede pasar?

Cuéntame un poco, ¿cómo ves a España?

Como catalán, hay una sensación de amor y odio por una razón muy sencilla: una herencia de cuarenta años de dictadura en la que todo lo cultural se oprimía, eliminaba, prohibía. A pesar de haber nacido ya en una democracia, he heredado todo eso. Por ejemplo, el himno español me provoca rechazo. Es muy complicado hablar de esto y siempre voy con pies de plomo, particularmente con cómo está la situación en Cataluña ahora. Pero vivir fuera de Cataluña también relaja mucho las cosas.

¿Y qué opinión tienes de los españoles en general?

Hay determinados comportamientos de los españoles con los que no me identifico en lo absoluto. Creo que se tiene cierto complejo con lo propio; el español es acomplejado. Ayer lo pensaba con Twitter, que para mí es muy representativo. Llevo dos días preparando un tuit en la ducha que no sé si voy a publicar o no. Pero lo tengo clarísimo: cuando viajo a Estados Unidos, escribo tuits en inglés porque estoy aquí y porque me da la gana. Lo mismo en catalán o en francés, y no es por contentar a un público, sino porque me gusta escribir en idiomas distintos, para practicarlos. Pero en España hay una cosa a la que llamo el abrazo a la mediocridad: “Vamos a hacer las cosas, pero tampoco te pases”. Hay una crítica siempre dirigida a las habilidades del otro, en vez de la crítica a las flaquezas propias. Nadie se plantea que el problema no es de quien habla los idiomas, sino de quien no los habla. Creo que es una serie de complejos que tiene el español en aprender lenguas nuevas, en la ignorancia, en no salir del país. Es algo que entronca con la picaresca española, algo histórico; pero son rasgos que me producen una terrible urticaria. En Estados Unidos, en cambio, este concepto de la jerarquía laboral hace que haya una búsqueda perpetua por la excelencia, por muy tonto que sea lo que tengas que hacer. Es el creérselo. El español no se ve como parte del engranaje. Sin embargo, después de casi una década en crisis, España parece finalmente salir adelante. Sí, aunque el español es poco previsor. Cuando las cosas van bien, se apoltrona, y solamente cuando la historia se va a la mierda de repente sale a la calle. Y qué bueno que tenga esa capacidad; ahora se está demostrando, con la movida política, que está sucediendo. Tiene que ver con estar hasta los huevos con determinados comportamientos, y aparece gente que no son solamente gritones, sino que es gente formada. Una generación nueva no sólo de políticos distintos, sino de votantes distintos. 

- IGOR RAMÍREZ GARCÍA-PERALTA 

Fotografo: LUIS SHANCHIS 

Realización: MICHAELA DOSAMANTES

Instalación artística: JULIUS VON BISMARCK

Maquillaje: AYA KOMATSU para BRIDGE utilizado CHANEL. 
Peinado: FERNANDO TORRENT para L’Atelier.           
Manicurista: NATALIE PAVLOSKI para BRIDGE utilizado CHANEL.
Set: PHILIPP HAEMMERLE.