El tiempo vuelve a ser grande

El tiempo vuelve a ser grande

Faena Hotel Miami Beach abre sus puertas a un nuevo Miami. Como el que un día fue, pero ahora cargado de arte.

Todo comenzó aquella mañana de resaca, sentados en la terraza del Teatro Pereira en el centro de Ibiza, cuando Igor recordó e insistentemente repitió que debíamos tener una llamada con Alan Faena y Ximena Caminos para hablar de trabajo, una posible colaboración entre ellos y yo para la inauguración de ese maravilloso monstruo, rey de la opulencia, llamado Faena Hotel Miami Beach. De pronto, en la mesa de al lado, con fuerte tono entusiasta Igor hablaba con los susodichos o, como suelo llamarlos, mis Ángeles Blancos, sin tener dos minutos para preparar mi voz carrasposa por los cigarrillos y las copas de la noche anterior. Ya estaba yo vociferando al teléfono y organizando mi próxima visita a Miami para descubrir ese increíble planeta (Faena), del cual más tarde no me pude marchar. 

Pasadas las vacaciones fiesteras en Ibiza y las familiares en la isla de Margarita, el 20 de agosto me dirigí hacia Miami, lleno de curiosidad y muy emocionado por lo que me podía encontrar. Efectivamente, era para estar más que emocionado, porque aquello que yo imaginaba como un hotel avant-garde de lujo, en una zona medular de Miami Beach sobre Collins Avenue, no era solamente un hotel, sino un epicentro que reunía a las mentes y los talentos más increíbles y respetados de nuestros tiempos, como Baz Luhrmann, Catherine Martin, Norman Foster y Rem Koolhaas, unidos todos por un mismo hilo: el desarrollo de una comunidad creativa en medio de un paraíso caribeño como Miami. Wow. Esto fue lo único que dije cuando llegué y dejé mis maletas en el Casa Claridge’s. Una hora después, estaba sentado en casa de Alan y Ximena, cenando y hablando de todo y nada, como si fuéramos amigos de toda la vida y, sin embargo, sólo habíamos hablado una vez por teléfono. Fue allí donde me di cuenta de que estos dos seres que emanaban esa energía arrolladora y ese amor infinito se convertirían en mis Ángeles Blancos, que me habían encontrado para llevarme a aquel paraíso prometido. 

Después de varios encuentros y diferentes promociones, la final y más acertada fue la que triunfó. ¡Bam! De golpe y porrazo, sin pensarlo y sin saber dónde, cómo ni por qué yo dejaba 10 años de mi vida atrás y, sobre todo, un amor y una pasión desde los años de mi niñez, mi amado París. Lo único que yo sentía era esa protección y esa seguridad, viendo y sintiendo lo que tenía de frente y, además, haciéndome parte inmediatamente de aquella Corte Celestial y sus divinos elementos plasmados en los espectaculares murales de la catedral del hotel, diseñados por Juan Gatti, el ya acertadamente llamado “Michelangelo de Faena”.

Mes y medio después, ya estaba yo sentado en un tráiler rojo que funcionaba como oficina temporal, lleno de gente creativa dispuesta a trabajar y a darlo todo con tal de hacer realidad aquel sueño llamado Faena District, que como mencioné no es sólo el Faena Hotel Miami Beach, sino el Faena Forum, los tres inmuebles residenciales, el Bazaar inspirado en alguno de los zocos marroquíes que se encuentran en medio del desierto, el hotel Casa Claridge’s y, por supuesto, un estacionamiento diseñado también por Koolhaas, para recibir a todos los amigos que vendrán a descubrir, compartir y visitar esta comunidad creativa. 

¡Dicho y hecho! Todo aquello cobraba forma, cada vez nos acercábamos más a la fecha en la que abriríamos las puertas de nuestra casa donde el amor, la ilusión, la emoción, la magia, el estrés eran los ingredientes más importantes de aquel cóctel idóneo y necesario para poder avanzar y llegar al final de nuestro camino en el tiempo restante. Así pues, el 1 de diciembre, como se había previsto, abrimos las puertas de la casa y celebramos con los amigos más allegados y queridos de aquella gran familia, unida por hilos con cada una de las siete artes (arquitectura, escultura, pintura, música, danza, literatura y cine), una noche inolvidable y única en la historia. Michael Nyman, Adán Jodorowsky, Andra Day, Rossy de Palma, Blanca Li, Ibeyi, el maestro Josep Vincent, la New World Symphony Orchestra y muchos otros fueron los elegidos para que, con su magia y talento, encantaran a todos nuestros invitados como lo habría hecho un encantador de serpientes y su propia cobra. Podría pasar interminables horas contando anécdotas, sensaciones, momentos de aquella noche; pero aquí me detendré, porque tenemos largo camino que recorrer y esto no es más que el comienzo de la increíble aventura de la que todos vosotros, lectores, podréis formar parte como actores protagonistas y figurantes, así como ya algunos de nosotros lo fuimos aquella noche al lado de grandes nombres como Len Blavatnik, Leonardo DiCaprio, Adrien Brody, Kristen McMenamy, Ivor Braka, Langley Fox Hemingway, André Balazs, Dasha Zhukova, Mario Testino, Glenn O’Brien, Harvey Weinstein, Jon Kortajarena, Paris Hilton y muchos otros. 

Pasados los días después de escuchar y sentir la reacción de nuestros visitantes, nos dimos cuenta de que había un común denominador entre las diferentes experiencias: el glamour y la joie de vivre que existía en Miami entre los años treinta y ochenta. Así que con esto me despido, lleno de felicidad y satisfacción por formar parte de este planeta llamado Faena. Misión cumplida. 

- DANI MORLA

Fotografía: MAXIME BALLESTEROS