Los ultramarinos

Los ultramarinos

Entramos en el taller madrileño del dúo los Carpinteros, un lugar relajado y sugerente donde se hace realidad su universo: desde los trajes perforados hasta las lámparas de keroseno fundidas por el calor. Los cubanos disfrutan de gran reconocimiento internacional que devuelve cierta ilusión a ese arcano llamado arte cubano. Mediante breves pinceladas —una especie de entrevista ficticia con preguntas abiertas, contestadas por el que subscribe—, en estas líneas, junto con declaraciones recogidas a lo largo de sus más de 25 años de carrera, (re)descubrimos por qué todo el mundo habla tan bien de ellos.

¿Quiénes son?

Marco Castillo y Dagoberto Rodríguez, artistas cubanos graduados del Instituto Superior de Arte (isa) de La Habana. Después de 20 años trabajando juntos, el par parece ser inseparable. “El yo y el nosotros ya lo tengo absolutamente confundido. A veces digo yo y puedo estar hablando de nosotros, y a veces me refiero a mí mismo como nosotros. Y a veces hay gente que me pregunta: «Pero bueno, ¿tú eres uno o eres dos?»”.

¿Por qué “los Carpinteros”?

La pronunciada recesión que sufrió Cuba en los años noventa los llevó a trabajar con materiales reciclados, especialmente madera, y a utilizar técnicas artesanales. En Cuba comenzaron a llamarlos así, “los carpinteritos”, por las obras que hacían. Así que ellos no eligieron el nombre; se los adjudicó el uso popular. “Recuerdo que estábamos tratando de encontrar un nombre cuando me di cuenta de que todo el mundo ya nos estaba llamando los Carpinteros”.

¿Dónde?

Desde 2009 viven y trabajan entre La Habana y Madrid, con estudios propios en ambas ciudades: un puente perfecto para sus intereses creativos. La primera vez que salieron de Cuba fue en 1994. Viajaron a España, a Santa Cruz de Mudela en Valdepeñas, para realizar una residencia. Cuando llegaron no sabían muy bien qué hacer. Desde entonces les ha llovido mucho por todo el mundo. Su obra, dicen, “es una relación de nuestra memoria con el lugar en el que estemos viviendo. Siempre somos muy permeables al ambiente donde producimos la obra”.

¿Qué hacen?

Reconocidos internacionalmente por sus espectaculares instalaciones, en las que introducen de manera lúdica y subversiva temas y objetos cotidianos (mesas de ping-pong, barbacoas, aletas, trajes, tablas de surf), su trabajo se materializa también en formatos como la fotografía, la acuarela, el dibujo y la escultura. Su obra, de difícil clasificación, sigue generando cierto desconcierto entre una parte del público y la crítica. “Nos gusta sorprendernos a nosotros mismos. Como somos dos, también tenemos un compromiso de sorprendernos. Ya llevamos muchos años juntos como para venir con cualquier tontería a convencerte”.

¿De qué hablan?

Temas sociales que aluden a su Cuba natal y a la crítica de la sociedad de consumo. El sentido del humor, los juegos visuales, la diversidad de materiales y las metáforas políticas, en ocasiones subversivas, son los ingredientes con los que construyen su discurso. Su trabajo toma los objetos de uso cotidiano y estudia sus funciones para luego alterarlas, creando un nuevo imaginario híbrido entre el lenguaje arquitectónico y el diseño. “Hemos descubierto que en la funcionalidad de las cosas fabricadas por el hombre se esconden muchas vetas que denuncian sus ideas y su conducta”.

¿Forma o color?

El color desempeña un papel fundamental en la concepción y el resultado final de sus obras. La mayoría de sus trabajos parten de unas acuarelas iniciales. Y no es nada casual que éstas sean el principal medio de expresión de los Carpinteros. Aplican el color de manera precisa, rigurosa y sólida. Parece como si el color sirviera para convertir un boceto en un objeto, es decir, como si ofreciera verosimilitud visual a los objetos y diera coherencia a su universo. “La exposición Drama turquesa es como algún problema, algún conflicto que ha surgido con el turquesa, que es un color exótico, tropical”.

¿El futuro?

Los Carpinteros se encuentran en su madurez artística y creativa. Su trabajo ya ha pasado por los espacios más reconocidos del arte internacional, como el Solomon R. Guggenheim Museum en Nueva York, el Los Angeles County Museum of Art (lacma) o la Tate Modern en Londres. Sin embargo, se abre una nueva etapa más interesante y comprometida: a propósito de los cambios y procesos que se avecinan con la inminente apertura de su país, los Carpinteros están llamados a cumplir esa función social tan necesaria en el contexto cultural de la nueva Cuba. “En Cuba nos mastican, pero no nos tragan”. Un nuevo y estimulante capítulo de esta historia está aún por escribirse. 

— PACO PINTÓN

 

 

Fotografía: ADRIÀ CAÑAMERAS
Realización: SARA PADILLA