ConocerSolar Magazine

Apatrullando la ciudad

ConocerSolar Magazine
Apatrullando la ciudad

Madrid tiene quien le cuide la noche.

Es medianoche de un martes cualquiera en Madrid. Los últimos viandantes apresuran el paso hacia sus hogares. La escena rebosa normalidad hasta que José irrumpe con su bicicleta repleta de luces fluorescentes, vestido con sombrero de ala ancha y traje blanco de vaquero. Su atuendo no corresponde a la idiosincrasia habitual de pasar inadvertido y no destacar. Pero, en un instante, logra lo que nadie ha conseguido: inundar el ambiente de vida y alegrar el semblante de los transeúntes. 

A sus 64 años, recorre la ciudad para fotografiarse con espontáneos a cambio de la voluntad. A pesar de ser un personaje conocido por los madrileños, su identidad es un enigma para la mayoría. Apoyándose en sus conocimientos de electrónica y una vieja bicicleta, se propuso iluminar su entorno y hacer reír. “Si yo consigo sonrisas con cuatro luces y hierros, imagina lo que pueden hacer los que están arriba”, afirma, en alusión a los políticos. 

Le falta un ojo, pero sus treinta años de vida en la calle lo han convertido en un gran contemplador del declive de la ciudad. “La gente camina con tristeza. Hay familias muy necesitadas y chavales que no llevan ni un euro en el bolsillo”. Su presencia causa una alegría contagiosa difícil de explicar, a la vez que hiere sensibilidades entre los porteros, que reniegan del alboroto que genera a su paso. “Cuando las personas transmiten algo, se ve rápido. Con los animales sucede lo mismo. Cuando se acerca un perro, se sabe si va a morder o no”. 

Antes del alba, da por finalizada su jornada y despide a los que aún deambulan por las arterias de Madrid: madrugadores, personas sin hogar, trabajadores de la limpieza y borrachos en busca de un after. “El problema son las pastillas con las que los chavales se están jodiendo la cabeza, porque no saben lo que toman”. Ante las adversidades, él prefiere reflexionar y repetirse que es el más grande. “Hay que tener valor para dedicarse a esto”, sentencia, mientras desaparece bajo los arcos de la Plaza Mayor con la primera luz del amanecer.

- GUILLERMO AROCA


Fotografía: ADRIÀ CAÑAMERAS