ConocerSolar Magazine

Christian Rosa: Respeta a tus ídolos

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Christian Rosa: Respeta a tus ídolos

Christian Rosa, el pintor austriaco nacido en Brasil, está en todos lados. Su éxito puede atribuirse tanto a la accesible estética de sus cuadros de gran escala —que rivalizan con los maestros del surrealismo— como a su extraordinario buen trato y su actitud de “no me importa un bledo”. En pocos años, Rosa no solo se posicionó en las galerías y colecciones adecuadas, sino que también hizo poderosas amistades. El mundo del arte de Los Ángeles, y especialmente de Hollywood, lo recibió con los brazos abiertos. Prueba de ello es el trato de reyes que disfrutó Solar en el Chateau Marmont, donde fotografiamos a Rosa y a su amiga, Pamela Anderson, para la portada (más bien, ellos mismos se fotografiaron en selfies íntimas en la penthouse suite de la propiedad).

Rosa es inteligente y lo sabe; más aún, lo utiliza para entrar con ventaja en cada ocasión que puede. Pero Rosa también es fiel. Valora a los amigos, artistas y héroes de la infancia que lo ayudaron a salir adelante (no a cualquier artista poco conocido lo invitan a vivir en casa de Raymond Pettibon durante más de un año). Por supuesto, la farándula no está nada mal, pero el pintor de 34 años sabe que, al fin de cuentas, lo que determinará su éxito será su obra. Sus siguientes pasos serán cruciales para seguir a la cabeza. Christian Rosa parece estar bien preparado para la tarea.

Christian, tú alguna vez dijiste: “Yo nunca escogí la pintura; la pintura me escogió a mí”. ¿Tú has elegido dedicarte al arte o el arte te ha elegido a ti?

Siempre me gustó el arte. El primer artista con el que quedé fascinado fue Picasso, porque mis padres tenían algunas imágenes de sus cuadros colgadas en su departamento, en Viena. Me encantaba la manera abstracta en la que pintaba a la gente; de niño me parecía que eran caricaturas. Sin embargo, en un principio no quería ser pintor, sino fotógrafo.

¿Qué sucedió?

Postulé al curso de fotografía de Matthias Herrmann en la Academia de Bellas Artes de Viena, pero no le gusté nada porque se dio cuenta de que yo era un chaval con muchos problemas. Veía que hacía mucho ruido y que me gustaba divertirme. No me aceptó, pero me dijo que intentara entrar al curso de pintura de Daniel Richter, quien me dio una oportunidad de mostrarle mi trabajo. Sucedió de manera muy natural, sin forzar nada. Yo no sabía pintar, pero encontré una manera de hacerlo que era adecuada para mí. Creo que esa fue mi ventaja.

¿Qué te hizo identificarte con Richter?

Creo que tuvimos un pasado parecido. Él había sido punk de joven, y yo crecí andando en monopatín y fui skate punk. Para mí, crecer en Viena como un chaval negro, por decirlo de alguna manera, no fue demasiado fácil. Ya sabes la historia de ese país y cómo piensa la gente.

Claro. Aun hace poco, Austria casi termina con un gobierno completamente de derecha; perdieron solo por unos cuantos miles de votos.

El padre de un amigo mío fue la primera persona negra en Viena, apenas en 1965. Es inconcebible. Los habitantes aún tienen miedo de la gente que no conocen, las culturas que no les son familiares. Todavía es así; toda la gente mayor en Austria es de derecha. Fue una infancia bastante dura, pero de alguna manera logré sobrevivirla.

Naciste en Brasil y te mudaste a Austria a los siete años. ¿Qué fue lo que más odiaste de Viena?

¡El frío! (Se ríe). El invierno es completamente gris y anochece a las tres de la tarde. Yo podía ver en el rostro de mi madre que ella tampoco estaba contenta, pero tuvimos que resignarnos y comenzar una vida nueva en Europa.

A menudo se subestima el efecto que puede tener el mal tiempo sobre la gente.

Exactamente. Yo comencé a deprimirme y a tomar medicamentos, y llegué a pensar que en verdad no podría soportar más el invierno. Ya sabes cómo es cuando oscurece, y vaya que oscurece demasiado. El sentido de la juventud se ofusca, comienzas a beber y esas cosas. Sabía que tenía que salirme de ese contexto, dejar esa mentalidad. De niño siempre quise crecer en California, para poder andar en monopatín, esquiar y surfear. Por eso me mudé a Los Ángeles.

¿Te sorprendió el cálido recibimiento que te dio Los Ángeles, en términos artísticos?

Por supuesto. Creo que llegué en el momento adecuado. El mercado estaba al acecho y comenzaba a ver distinto a muchos artistas con talento. Creo que fue lo que sucedió también con David Ostrowski, Lucien Smith y David Murillo. Creo que era el momento indicado preciso para estar aquí, y la obra también es muy importante, claro. Creo que nadie más hacía el tipo de trabajo que yo hacía en ese entonces, y eso me facilitó tener mayor éxito. Ahora lo más importante para mí es seguir evolucionando en mis obras, pero asegurándome de que estén al nivel de antes. Esa es la parte difícil.

No se puede seguir haciendo lo mismo una y otra vez.

Exactamente. Tengo que asegurarme de que la obra tenga sentido y que, a la vez, haya una evolución. Se convierte casi en un empleo: hay que sentarse a pensar mucho. Antes también pensaba mucho, pero no había tantas expectativas y se tenían más libertades. Ahora tengo que ser libre de alguna manera, pero también debo sentarme a verificar que esto esté al punto, que tenga sentido, porque es fácil tomar malas decisiones. La gente puede decir en un segundo: “Pues nada, solo tuvo una obra buena. ¡El que sigue!”. Quiero asegurarme de que no suceda eso.

¿Te preocupa que tu reputación del chaval que pasa mucho en fiestas haga más difícil este proceso?

La gente inventa cosas y las echa al aire. Al principio digo: “¿Quién demonios es este?”. Después digo: “Qué más te da”. Y luego pienso que por lo menos están hablando sobre mí. La gente que me importa es la que realmente me conoce. A los que quieren criticar nadie los va a detener nunca.

¿Ha cambiado tu perspectiva? Alguna vez dijiste que lo que se necesitaba para el éxito en el arte era “trabajar, beber, trabajar, ir de fiesta, trabajar, conocer gente, trabajar, ir de fiesta, trabajar”, etcétera.

En ese entonces, eso era lo que hacía: trabajaba y me divertía, trabajaba y me divertía. Conoces gente en un evento o una fiesta y, de pronto, quieren encargarte algo. El mundo del arte es un lugar loquísimo. (Se ríe). Ahora estoy muy enfocado en mi trabajo, y todavía salgo a divertirme, aunque no como antes. No voy a tantos eventos en Los Ángeles como iba en Europa; no me involucro mucho en la escena artística de aquí. Estoy más bien en segundo plano. Ni siquiera mis amigos saben si estoy aquí o en Europa, porque paso solamente en el estudio; a eso me dedico. Si quiero beber una cerveza o ir de fiesta, lo hago en mi estudio; no necesito ir a otros lados. Este es mi pequeño mundo y soy muy feliz aquí. Quizá esa es mi actitud en Los Ángeles de “no me importa un bledo”.

Tu estudio debe ser un lugar divertido. Al parecer, Leonardo DiCaprio trabaja como tu asistente de vez en cuando.

(Se ríe). Él coleccionaba mis obras, y un día que estaba exponiendo en Nueva York, alguien llega y me toca el hombro y, cuando me di la vuelta, ¡era él! Yo solté un ruido de sorpresa y me contesta: “¿No sabías que estás filmando con nosotros?” (Se ríe). Ese día recorrimos toda la exposición y salimos en la noche. Nos hicimos amigos desde entonces y, una vez que regresé a Los Ángeles, él venía seguido a mi estudio y me ayudaba con algunas pinturas; le interesaba mucho hacer cuadros. Así fue como se convirtió en mi asistente.

Supongo que conocer a un ídolo puede ser una experiencia mutua.

Claro. Algunos me agradan, de algunos otros presiento que serán demasiado pretenciosos, ¿sabes? Pero solo te das cuenta si los conoces y tratas con ellos y hablas sobre lo que hacen; si te termina gustando o no ya es otra historia. Por ejemplo, conocí a Prodigy y Havoc de Mobb Deep y resultaron ser exactamente lo que esperaba.

Me imagino; he visto tus fotos fumando marihuana con ellos.

Sí, son todos unos gánsteres en Queens, son muy divertidos. (Se ríe). Raymond Pettibon también es increíble. Él realmente me acogió. Me dejó quedarme en su casa de Venice Beach por un año y medio; me dio un lugar donde dormir y un espacio para trabajar. Nunca olvidaré eso. En ese entonces no tenía dinero, y él incluso me acompañaba a las tiendas de arte y me compraba materiales. Es una bendición tenerlo en mi vida. Es el mejor. Es difícil hablar con él, porque su personalidad es demasiado tímida, pero con solo tenerlo en el salón mientras pinto, sabiendo que él está trabajando en lo suyo y yo en lo mío, es una experiencia fascinante.

¿Qué otros ídolos tienes?

Muchos. Gente como Helmut Lang, Courtney Love, Francisco de Goya, Oscar Niemeyer, Julian Schnabel, N. W. A., Prince, David LaChapelle, el Correcaminos y, por supuesto, Pamela Anderson.

¿Crees que ellos han influido en ti artísticamente?

Claro, de muchas maneras: tanto por su trabajo como por su habilidad para conocer gente. Esa es una buena parte de cómo aprendí a ser yo mismo y a lidiar con mi vida. Ver cómo hacen lo que hacen es una especie de terapia para mí. Siempre pensé que si así era como ellos lo lograban, quizá yo podría hacerlo también. De algún modo, aprendí desde la experiencia. Fue muy bueno para mí tenerlos; respeto mucho a mis ídolos.

LOS ÍDOLOS

Helmut Lang: “Fue uno de los grandes diseñadores de los años noventa, y realmente lo veía como un prodigio que logró hacer las cosas a su manera. Él también es vienés, y todo el mundo en Viena estaba en su contra, pero le bastó con salirse y seguir haciendo lo suyo. Me gusta esa actitud”.

El Correcaminos: Odié al maldito Correcaminos toda mi vida porque siempre se jodía al pobre Coyote, todo el tiempo. Cada día después de la escuela pensaba: “Quizá mañana lo atrape” (Se ríe). Ahora mismo estoy trabajando con la gente que dibujaba esta caricatura. Estamos haciendo una versión en la que el Coyote finalmente lo atrapa. No puedo esperar a verlo. Al Correcaminos nunca le tocó comer mierda, pero en mi versión le va a tocar. (Se ríe).

Prince: Fue una gran influencia musical, como Michael Jackson. De niño tenía el mismo corte de pelo o me disfrazaba de él la Noche de Brujas. La película Purple Rain (1984) también ha sido una de las mejores, creo. Me encanta la historia de este músico desvalido que lucha en su vida y con su familia, y finalmente logra el éxito. Era una perspectiva romántica de cómo puede ser la vida; fue parte de mi crecimiento, de lo que influyó en mí: no rendirte y seguir haciendo lo tuyo. Vas a tener tu oportunidad, solo necesitas creer en ello.

Courtney Love: ¡Courtney! Creo que ella me inspiró a ser alguien muy loco, de cierta forma. A ella tampoco le importaba un bledo nada, y sigue sin importarle. Se calmó un poco, pero está trabajando en muchos proyectos de televisión y en un álbum nuevo. Creo que es uno de esos soldados que nunca se rinden, sin importar cuánta mierda te caiga encima. Creo que es bueno que existan personas como ella, porque la gente intenta eliminarlas, derribarlas, y ellas solo responden: “No, yo no me muevo. Voy a hacerlo a mi manera; intenta lo que quieras, pero vas a tener que enfrentarte conmigo o largarte”.

Julian Schnabel: Es un gran tipo. Estudié mucho su trabajo por años. Tuve la oportunidad de conocerlo y hablar con él, y me dio muchos buenos consejos. Hace dos o tres años, necesitaba un lugar para pintar en Nueva York, porque no tenía un estudio, y él me ofreció su sala de exposiciones. Siempre bajaba a ver cómo iban mis obras. Me gusta mucho que me asesore gente que significa mucho para mí. Después de lo que él ha pasado y toda su historia, fue una bendición tener a alguien como él preocupándose por mí y compartiéndome su conocimiento.

Pamela Anderson: Aquellos veinte segundos en cámara lenta corriendo con el bañador rojo por la playa… ¡Está que arde! Creo que a todo muchacho que fuera heterosexual en los años noventa le encantaba. (Se ríe). Yo vivía en la casa de campo de David LaChapelle y la conocí en una sesión de fotos que le hizo para Interview Magazine, y desde entonces somos como mejores amigos. Me gusta mucho estar con ella, es una gran persona. A veces conoces a gente con la que te sientes tan cómodo que pareciera que la has conocido toda la vida. Cada vez que la veo me siento bien conmigo mismo, con ella, y dejamos fuera los temas superficiales de mierda y hablamos de cosas verdaderas, de cómo estamos y de cómo es la vida. Es como si hablara con mi gran amiga de la infancia.

- Sven Schumann

Christian Rosa: Respect your idols

The Brazilian born, Austrian raised artist Christian Rosa is everywhere at the moment. Arguably, his success can be attributed to the easily approachable aesthetic of his large-scale paintings, his incredible likability and ‘I don’t give a shit’ attitude. Within only a few years, Rosa's work is not only hanging in the right galleries and collections, but he’s also managed to make some powerful friends. The LA art scene, especially Hollywood, have welcomed him with open arms. Proof of that is the royal treatment Solar received at Chateau Marmont, where we shot Rosa and his friend Pamela Anderson for the cover [well, actually, they more or less shot themselves in a series of intimate selfies taken in the penthouse suite]. 

Rosa is smart. He is aware of that fact, and uses it to play every situation to his advantage. But Rosa is also loyal. He treasures the friends, artists and childhood heroes alike, who have helped to guide him along the way (not many almost unknown artists get to crash with Raymond Pettibon for over a year). Of course, the hype is great but the 34-year-old artist knows that in the end, his success will be determined by his work. In order to stay on top, his next steps are going to be crucial but Christian Rosa seems well prepared for the task. 

Christian, you once said: “I never chose painting, painting chose me.” Did you choose to become an artist, or did art choose you?

I always liked art. The first artist I was fascinated with as a child was Picasso because my parents had some reproduction posters hanging in their apartment in Vienna. I loved the abstractness of people, the way he painted them. When I was a child, they kind of looked like comics to me. But originally I didn’t want to become a painter. I wanted to become a photographer.

What happened?

I applied for the photography course with Matthias Herrmann at the Academy of Fine Arts in Vienna but he didn’t like me at all because he could see that I was a troubled kid. He saw that I was a bit loud and liked to have fun. He didn’t accept me, but told me I should try to get into Daniel Richter’s painting class and Richter gave me a chance to prove myself. It all happened naturally without me forcing anything. I didn’t know how to paint but figured out a way that made sense for me. I think that was my advantage.

What connected you to Richter?

I think we had a similar past. Him being a punk in his youth and me growing up skateboarding and being a skate punk, there were certain similarities for us growing up. For me, growing up as a, let’s say, black kid in Vienna, Austria wasn’t the easiest thing. You know the history of the country and how people’s minds work.

Of course, even recently Austria almost ended up with an entirely right-wing government; it was only prevented by a few thousand votes.

Just imagine, a friend of mine’s dad was the first black person in Vienna, and that was in 1965. So, that’s pretty, pretty wild (laughs). People are still afraid of people they don’t know, cultures they don’t know. It’s still like that, all the old people in Austria are pretty right-wing. So, it was a pretty tough childhood, but I made it through somehow.

You were born in Brazil and moved to Austria at the age of seven. What did you hate the most about Vienna?

Oh, the weather. [Laughs] Wintertime is just different shades of grey and it gets dark at 3pm. I could see by my mum’s face that she wasn’t happy there either, but we had to suck it up and start a new life in Europe.

People often underestimate the effect that weather can have.

So true, I was starting to get depressed and take medication, and then at one point I was like, “Oh my God, I can’t deal with this weather anymore.” You know how it goes when it gets dark, and it gets really dark, and the meaning of youth goes dark in your head, and you start drinking and stuff like that. I knew I had to get out of that situation, out of that mindset… The place that I always wanted to live as a kid, growing up skateboarding, snowboarding and surfing, was California. That’s why I moved to Los Angeles.

Were you surprised at how welcoming LA was for you art wise?

Yeah for sure, I think it was just the timing. The market turned around and suddenly people that had talent were looked at differently than before. I think it happened to David [Ostrowski], Lucien [Smith] and Oscar [Murillo] too, y’know what I mean? I think it was just the right moment to be here and, of course, the work is very important too. I think the things that I was doing back then, nobody else was doing, so that made it easy for me to succeed. But now, the most important thing is to keep evolving my work and make sure it’s still at the level that it was back then. That’s the hard part.

You can’t just continue to do the same thing over and over again.

Exactly, I have to make sure that it makes sense and that there is an evolution in my work. It becomes more like a job; you have to sit down and really think about stuff. Before you’re thinking about stuff too, but there were no expectations and it was more free. Now I have to be kind of free but I also have to sit down and really make sure that this stuff is on point, and that it makes sense, because you can easily make the wrong decision and then people are gonna be like, “Ah, he was just a one hit wonder... Next!” I’m making sure that it’s not like that.

Do you worry that your reputation as the bad boy that parties a lot makes this process more difficult?

People just make up shit and put it out in the air. In the first minute, I’m like, “Who the fuck is this guy?” But by the second, I’m like, “Whatever.” Then in the third, I’m like, “At least they’re talking about you.” The people who know me really know me, and they are the people that I care about. Haters gonna hate! [Laughs]

Have you also changed? You once claimed that it takes “work, drink, work, party, work, meet people, work, party, work etc.” to find artistic success.

Back then, that’s what I was doing - I was working and having fun, and working and having fun. You meet people at an opening or a party and suddenly they want something from you... The art world is a very crazy place [laughs]. But right now, I’m basically focusing on my work and still having fun, but not as I was before. I don’t go to any openings in LA, unlike in Europe. I don’t really get so involved in this whole art thing happening here, I’m more or less in the background. Even friends of mine wouldn’t know if I’m here or in Europe because I’m just in the studio, that’s what I do. If I want to drink a beer or party, I’ll do it in the studio, I don’t need to go anywhere. This is like my little world here and I’m really happy about it. Maybe that’s my ‘I don’t give a fuck attitude’ about LA.

Your studio seems like a fun place anyways. Apparently Leonardo DiCaprio works as your assistant from time to time.

(Laughs) He was collecting my work and one day I was showing in New York and suddenly somebody taps on my shoulder and when I turn around, it was him! And I’m like, “Woah!” [Laughs] And he was like, “Yeah, you’re rolling with us now!” [Laughs] That day we checked out all the art at the fair, and then later we went out. From then on, we became friends and once I was back in LA, he’d always come through to my studio and help me do some paintings. He was really interested in doing some artwork. That’s how he became my assistant!

I guess meeting your idols can go either way.

 Oh yeah, some of them I liked, some of them I thought were assholes too, you know? But you’re only going to find out if you meet them and basically deal with these people and deal with whatever they do - if it’s good for you or bad, that’s another story. For example, I met Prodigy and Havoc from Mobb Deep and they were the way I expected them.

I’m sure — I saw photos of you smoking blunts with them.

Yeah, they’re some crazy gangsters from Queens. They’re really fun. (Laughs) Raymond Pettibon is also incredible. He really took me under his wing. He let me stay in his house in Venice Beach for a year and a half; he gave me a place to sleep, and a place to work. I’ll never forget that. Back then, I had no money so he would even go to the art store with me and buy me some supplies. It’s a blessing to have him in my life. He’s the greatest. It’s hard to talk with him because he’s a very shy kind of personality, but just having him in the room while I’m painting, knowing he’s there doing his stuff and I’m doing my stuff, is just an awesome experience.

Who are some of your other idols?

There are a lot: people like Helmut Lang, Courtney Love, Francisco de Goya, Oscar Niemeyer, Julian Schnabel, N.W.A., Prince, David LaChapelle, Angelo Soliman, the Road Runner and, of course, Pamela Anderson.

Do you think these people also influenced you artistically?

Of course, in many different ways: how they work and how I see them meeting people… That’s a big part of how I learned to be myself and deal with my life, you know? To see how they do things is kind of like therapy for me. I always thought that if they can do it like that, maybe I can do it that way as well. I kind of learned my way from their experience. So basically, it was a good thing for me to have them. I respect my idols a lot.

THE IDOLS:

Helmut Lang: He was one of the greatest designers in the 90s and I really looked up to him for being a prodigy and doing things his way. Of course he’s also Viennese, and everybody was kind of against him in Vienna, but he just left the place and did his own thing. I like his attitude of not giving a fuck.

The Road Runner: I hated that fucking Road Runner all my life because he fucked up the poor Coyote so badly, all the time. Everyday after school I was like, “Tomorrow he might catch him,” you know? [Laughs] I’m actually working on a piece right now, with the old people that used to draw that cartoon. We’re doing a version where the coyote finally gets him. I can’t wait to see that. The Road Runner never ate shit. [Laughs] So he’s gonna eat some shit in my version of it.

Prince: He was a very big musical influence, just like Michael Jackson. As a kid, I’d have the same hairstyle, or go to a Halloween party and be dressed as Prince or Michael Jackson. The movie Purple Rain was also one of the greatest movies I think. I love the story of this underdog musician who was struggling with his life and family but finally makes it in the end. It was a romantic view of how life can go; that was a part of me growing up and a part of what influenced me - not giving up and just doing your thing, you know? You get your shot and just have to believe in it.

Courtney Love: Oh wow Courtney. I think she’s influenced me to be a really crazy person in a way. She also never really gave a fuck. She still doesn’t give a fuck. She’s calmed down a bit, but she’s working on a lot of new TV projects, a new album. I think she’s just one of those soldiers who never gives up, no matter how much shit falls on her head. I think it’s a good thing to have people like that, because society cut them out, people try to bring them down and they’re just like, “No, I’m staying, I’m doing my thing, and you can try whatever you want but you have to deal with me or step away.”

Julian Schnabel: He’s a great guy. I really looked into his work over the seven or eight years I got the chance to hang out and talk to him, and he gave me a lot of good advice. Two or three years ago, I needed a place to paint in New York as I had no studio, and he gave me his showroom. He always came down to see how my paintings were going. I really like having advice from a person who really means a lot to me. After what he’s been through and his whole history, it was a blessing to have someone like that looking after me, and giving me some advice.

Pamela Anderson: The twenty seconds of slow motion running in the red bathing suit down the beach, oh my God… That was pretty hot! I think every boy that was straight in the 90s kind of loved that... [Laughs] I used to live in David LaChapelle’s pool house and met her during a photo shoot he did with her for Interview Magazine, and since then we’re like best friends. I really love hanging out with her, she’s such a beautiful person. Sometimes you meet people you’re so comfortable with that it feels like you’ve known them your whole life already. Every time I’m with her, I feel good about myself, I feel good about her, and we cut the bullshit and talk about real shit, how we’re doing and how life is. It’s like I’m talking to my oldest friend, you know?